por AGENDA MALVINAS
Han pasado diez días desde que el Centro de Ex Combatientes Islas Malvinas (CECIM) La Plata envió una carta documento fulminante al presidente Javier Milei. El ultimátum era claro: 24 horas para que Milei se retractara de haber supeditado la soberanía argentina al "deseo" de la colonia implantada en Malvinas. El plazo venció con creces y la respuesta oficial ha sido el vacío absoluto.
Este silencio no es neutral. En el ámbito del derecho, la negativa a responder ante una intimación legal sobre actos que comprometen la integridad territorial se interpreta como una reiteración de la conducta denunciada. Milei, al no rectificar sus palabras ante la prensa británica, ha decidido mantener firme su alineamiento con la doctrina del Foreign Office.
El peor de los escenarios: El silencio como ratificación
Esta ausencia de respuesta, es la confirmación de una política de Estado claudicante. El Presidente no puede alegar desconocimiento; ha sido debidamente notificado de que sus expresiones violan la Disposición Transitoria Primera de la Constitución Nacional.
Al callar, Milei confirma que:
1. Sostiene la autodeterminación kelper: Su concepto de que las islas vuelvan "cuando los isleños lo deseen" queda firme como postura del Ejecutivo.
2. Desprecia el mandato constitucional: Ignora el deber de defender la soberanía argentina sobre el Atlántico Sur por encima de cualquier admiración personal hacia figuras como Margaret Thatcher.
3. Habilita la vía judicial: Al no haber retractación, se configura el dolo en el incumplimiento de los deberes de funcionario público.