El documento es categórico: “Argentina se ubica por debajo de todas ellas”, incluso frente a economías europeas afectadas por crisis energéticas y tensiones comerciales. Y agrega una definición que marca el tono del diagnóstico: “No es una crisis importada: es una crisis fabricada en casa”.
Mientras el PBI general logró crecer en 2025 impulsado por el agro, los hidrocarburos y el sector financiero, la industria cerró el año en recesión y con un nivel de actividad inferior al promedio de 2023.
Uno de los datos más contundentes del informe es la destrucción del entramado productivo. En dos años cerraron 2.436 empresas manufactureras, lo que representa casi el 5% del total de firmas industriales del país.
El trabajo señala que “la caída en el número de empresas ha sido pronunciada y sostenida, al punto de encaminarse a perforar los mínimos registrados durante la pandemia”. Es decir, el daño sobre el tejido empresarial es comparable —e incluso superior— al del momento más crítico del COVID-19.
El deterioro fue transversal: “no hubo una sola rama en la que se crearan nuevas empresas”. Los sectores más golpeados fueron textil e indumentaria, productos metálicos y muebles, actividades intensivas en mano de obra y con fuerte dependencia del mercado interno.
La crisis empresarial tuvo su correlato en el empleo. Entre noviembre de 2023 y noviembre de 2025 se destruyeron 72.955 puestos industriales, equivalentes al 6% del empleo manufacturero total, según el informe de Audemus.

La industria expulsó trabajadores en 16 de los 24 meses del período analizado. El informe resume el panorama sin matices: “La lectura de conjunto es inequívoca: en dos años de gestión, el aparato manufacturero argentino perdió una proporción significativa de su tejido empresarial y laboral”.
En varias ramas, además del cierre de empresas, las firmas que sobrevivieron redujeron planteles y turnos. Es decir, el ajuste fue doble: menos empresas y empresas más chicas.
Otro indicador clave es la utilización de la capacidad instalada industrial. En 2025 promedió 57,9%, el nivel más bajo de los últimos diez años, exceptuando 2020 por la pandemia.
En términos prácticos, las plantas industriales operaron a menos de seis de cada diez unidades de su potencial productivo. Textiles y metalmecánica registraron sus peores niveles históricos fuera del año de pandemia, mientras que casi todas las ramas quedaron por debajo de sus niveles de 2023.

El contraste internacional refuerza el diagnóstico. Mientras Argentina cayó 7,9%, Brasil creció 3,5%, Chile 5,2% y Perú 6,5%. Incluso economías europeas en crisis retrocedieron menos.
El informe de Audemus insiste: “El fenómeno en curso no es latinoamericano: es específicamente argentino”, y vincula el retroceso con un esquema de tipo de cambio apreciado, apertura comercial acelerada y ausencia de política industrial activa.
La advertencia final es clara: “Las empresas que cerraron no reabrirán, el know-how y los equipos se dispersan, y los trabajadores que perdieron sus empleos difícilmente los recuperen en el sector”.