Según su tradición, los habitantes de una aldea montañosa de Japón deben practicar el ubasute llevando a sus padres que han cumplido 70 años a la cima del monte Narayama para ser dejados allí a esperar la muerte.
Se considera que en esa etapa de la vida ya no tienen nada que aportar, y resultan ser una carga para el resto.
Si bien la historia fue conocida en la obra “la Balada de Narayama” de Schichiro Fukazawa, posteriormente adaptada también al cine, la práctica en sí se ha dado en pueblos rurales del interior de Japón durante el Siglo XIX.
Ese contexto de costumbre y miseria que lleva a la muerte a los ancianos, es una medida que a los cánones de nuestra sociedad occidental del Siglo XXI nos parece de una crueldad inusitada.
Sin embargo, la sociedad fueguina y todas sus fuerzas vivas, no pueden mirar hacia otro lado mientras se aplica una suerte de eutanasia no consentida, prolongada y agónica, a todo un grupo de personas que son considerados como material humano de descarte, que ya no pueden aportar nada.
No se los abandona en una montaña, pero sí se los condena a una exclusión que, para muchos, puede resultar igualmente devastadora. Y cuando esa exclusión se traduce en la privación de ingresos, atención médica y dignidad, la distancia entre ambas realidades se vuelve mucho menor de lo que estamos dispuestos a admitir.
Cuando cuatro directores de una Caja Previsional a la que los descartados retirados de la Policía Territorial aportaron durante toda su vida superando en algunos casos los 30 años, decidieron dejar de abonar desde hace un año, los haberes que les corresponden por LEY.
Mientras tanto el propio Gobernador, a quien se le informó personalmente de la situación de la Caja de Retiros de la Policía mucho antes de que asumiera como tal en su primer mandato, ahora afirma que “no hay fondos” y que no puede hacer nada por ellos (540 integrantes de la fuerza y sus familias), realiza gastos onerosos que no respaldan sus dichos.
Por supuesto que los policías retirados no son los únicos abandonados, lo son también los docentes y el personal de salud, por mencionar algunos.
Pero téngase presente que estamos hablando de personas longevas, con problemas de salud muy graves, sin cobertura de ninguna obra social, que ni siquiera pueden salir a manifestarse ya sea por presiones coercitivas o por su propio estado de salud.
Entonces…
Si no estamos dispuestos a cuidar de nuestros padres y abuelos, recibiéndolos en nuestra casa y compartiendo el pan, o asegurándose que estén bien cuidados y alimentados en un hogar para ancianos;
Si no estamos dispuestos a rechazar por injusto que de un día para otro un “cualquiera” suspenda el pago de una parte de los haberes conseguidos con sacrificios y aportes genuinos;
Si no estamos dispuestos a dictaminar que los haberes suspendidos son de carácter alimentario y deben restituirse de inmediato y esquivamos el bulto obligando a iniciar un proceso judicial que lleva entre 10 a 15 años cuando la mayoría no pueda pagarlo y los que sí no puedan cobrarlo por la sencilla razón de estar muertos;
Si no estamos dispuestos a fallar a favor a menos que se esté en estado vegetativo, con cuidados 24 horas del día los 7 días de la semana y usando pañales;
Si no estamos dispuestos a utilizar todas las herramientas a nuestro alcance para legislar y hacer valer lo legislado para que se convierta en ley positiva, siguiendo los dictados de la ley moral;
…Entonces, seamos honestos con nosotros mismos y reconozcamos, de una vez por todas, que los viejos son una carga, que no nos importa lo que hayan hecho por la sociedad en sus años productivos porque consideramos que ya no aportan nada, que ha llegado la hora de llevarlos a la cima del Monte Narayama para que se mueran de frío, hambre o en manos de las bestias.
Aceptemos que somos tan crueles como las sociedades de otros siglos; Que no nos importa porque creemos que nunca estaremos en esa situación, porque jamás envejeceremos, jamás estaremos enfermos o seremos improductivos.
Sintámonos seguros que nunca van a tocar a nuestra puerta, que ningún mequetrefe del poder de turno pasando por arriba de Leyes Nacionales y Provinciales, Constituciones Nacionales y Provinciales, Tratados entre la Nación y la Provincia y tratados internacionales, va a venir a quitarnos nuestros derechos.
Convenzámonos de que estamos observando esta realidad sin empatía, como si perteneciera únicamente a nuestro pasado y no a nuestro propio futuro.
Asociación de esposas, pensionadas/os y familiares de policías provinciales que prestaron servicio en el territorio nacional.