por AGENDA MALVINAS
Cuando la coyuntura geopolítica en el confín austral transita por una cornisa de altísima sensibilidad —con un despliegue militar trasandino en alza, la posibilidad de la partida del buque Danstar hacia Malvinas y la corona británica operando a cielo abierto en Magallanes—, lo mínimo que se le debe exigir a quienes han portado uniforme y hoy siguen cobrando del Estado, es responsabilidad, mesura y rigor: sin embargo, ocurre exactamente lo contrario. Desde la comodidad de los estudios de streaming en Buenos Aires, lejos del viento y de la realidad cotidiana de quienes habitamos la Patagonia austral, proliferan personajes que demuestran tener la lengua infinitamente más rápida que el pensamiento.
El último y grotesco capítulo de esta seguidilla de desatinos lo protagonizó en las últimas horas el general retirado Edgar Calandín, exjefe del Comando Conjunto Antártico y asesor del Gobierno de la Provincia de Tierra del Fuego.
En una reincidencia asombrosa en el mismo espacio audiovisual (La Fábrica del Podcast) donde a fines de agosto el brigadier general Gustavo Valverde desató un conflicto diplomático al relativizar la soberanía chilena sobre el Estrecho de Magallanes, Calandín cruzó todos los límites de la sensatez al plantear lisa y llanamente una agresión económica para "eliminar" a la vecina localidad chilena de Puerto Williams.
Mentira técnica y provocación cavernícola: La fábula del gasoducto inexistente
“Sobre Puerto Williams, Argentina tiene la herramienta para agarrar y eliminar Puerto Williams, cierra el gas. Es increíble que Argentina le haya pasado el gas a Puerto Williams; bueno, yo se lo pasaría con prebendas ostensibles en otros recursos y capacidad”, disparó Calandín sin sonrojarse.
La afirmación encierra una doble gravedad: es una canallada política y, al mismo tiempo, una falsedad técnica absoluta. Quien habla con pretensión de estratega ignora lo más elemental: la Argentina jamás le suministró ni le suministra gas por red a Puerto Williams. No existe ningún gasoducto submarino ni terrestre cruzando el Canal Beagle como para cerrar alguna llave. El gas que abastece a la población de Puerto Williams arriba a granel, licuado y por vía marítima transportado en barcazas desde la propia Punta Arenas. Proponer "cerrar el gas" para estrangular a una comunidad civil sobre la base de un ducto imaginario no solo desnuda una ignorancia supina de la infraestructura de la región que dice asesorar, sino que exhibe un nivel de rusticidad conceptual incompatible con la función pública.