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En diálogo con FM del Pueblo, Arianna Valdivia, integrante de la organización Por un Parto Humanizado de Tierra del Fuego, se refirió a los resultados de un relevamiento provincial que evidenció que más de la mitad de los partos terminan en cesárea.
“Este número surge de un relevamiento que se hizo desde la Mesa Institucional de Parto Respetado y Derechos Humanos, que conformamos hace más de dos años junto a distintos organismos y organizaciones de la provincia. Lo completaron más de 117 mujeres con más de 123 experiencias obstétricas de Ushuaia, Tolhuin y Río Grande”, explicó.
Valdivia remarcó que los datos no solo reflejan la cantidad de cesáreas, “sino también cuántas conocen la ley de parto respetado, si pudieron decidir durante el parto, si tuvieron acompañamiento, si se les permitió movimiento libre, entre otras prácticas médicas”.
La integrante de Por un Parto Humanizado advirtió que la violencia obstétrica “es un tipo de violencia de género invisibilizada, porque parece que le ocurre a una sola mujer, pero en realidad es algo sistemático que pasa en todo el país y en el mundo”.
Sobre el elevado porcentaje de cesáreas, señaló que la OMS recomienda un 10 a 15% en casos de urgencia, mientras que en la provincia la cifra llega al 54%. “Esto abre interrogantes: ¿cuánta información real tenemos al momento de elegir una cesárea?, ¿qué acompañamiento existe para atravesar un trabajo de parto respetado?”, planteó.
Valdivia indicó que muchas intervenciones se deben a miedos inculcados o a prácticas médicas rutinarias que no respetan los tiempos del parto. “Creemos que hay muchos factores que intervienen. A veces por desconocimiento de la ley de parto respetado, otras por falsas creencias familiares o por el apuro médico. Pero lo cierto es que el parto respetado tiene más de 20 años y todavía se desconoce mucho sobre los derechos de las mujeres”, sostuvo.
Consultada sobre qué significa un parto humanizado, afirmó: “Es aquel donde se garantiza la autonomía de la mujer, donde se siente protagonista de su experiencia, donde no es apurada ni violentada, donde puede elegir la posición, el acompañamiento, el contacto con su bebé. El parto y el embarazo no son una enfermedad, son procesos fisiológicos que deberían vivirse con intimidad y confianza”.
En esa línea, destacó la importancia de la contención emocional: “El miedo también es algo que se trabaja mucho. Si una mujer atraviesa el parto con confianza, la experiencia queda como un recuerdo feliz. En cambio, si es violentada o apresurada, esa huella la acompaña para siempre”.
Finalmente, citó al obstetra francés Michel Odent: “Para cambiar el mundo hay que cambiar la forma de nacer”. Y agregó: “Si un bebé nace de manera amorosa, se sentirá distinto en el mundo que lo recibe. Pero si nace de manera violenta, esa experiencia lo marca profundamente”.
Valdivia sostuvo que el cambio de paradigma ya comenzó: “Hoy existen médicos y médicas que acompañan de otra manera. Prácticas como el contacto piel a piel, el corte tardío del cordón o dejar al bebé con su madre desde el inicio, que antes parecían impensadas, hoy empiezan a ser una realidad”.