La propuesta parte de un diagnóstico contundente: el modelo industrial fueguino, que durante
décadas permitió generar empleo y consolidar un entramado productivo en condiciones geográficas
complejas, hoy enfrenta una crisis estructural. La caída de la producción, la reducción de turnos en
las fábricas y la pérdida sostenida de puestos de trabajo evidencian un proceso que, según advierte
el propio proyecto, ya está en marcha y amenaza con profundizarse si no se adoptan medidas
concretas. En ese marco, Araujo sostiene que “lo que está en juego no es solamente un régimen
industrial, sino la dirección del desarrollo productivo argentino y la permanencia de población en
una región estratégica”.
Lejos de plantear un desmantelamiento del esquema vigente, la iniciativa reafirma la vigencia de la
Ley 19.640 y establece con claridad que no puede ser limitada ni sustituida. Por el contrario,
propone complementarla y actualizarla frente a un escenario global marcado por la digitalización,
la automatización y la transformación tecnológica. En este sentido, el proyecto impulsa un cambio
de paradigma productivo, orientado a dejar atrás un esquema centrado en la fabricación con fuerte
dependencia de importaciones para avanzar hacia uno basado en la integración tecnológica, la
innovación y la generación de conocimiento local.
“El problema no es la herramienta, sino su especialización histórica”, señala Araujo en los
fundamentos, donde plantea que el desafío actual no es defender el pasado sino construir una
estrategia de futuro. La iniciativa propone aprovechar la infraestructura existente, la experiencia
acumulada y los recursos humanos calificados para insertarse en nuevas cadenas de valor con mayor
contenido tecnológico, evitando así un proceso de desindustrialización con alto costo social.
En esa línea, el proyecto promueve el desarrollo de sectores estratégicos vinculados a la economía
del conocimiento, la automatización industrial, la electrónica avanzada y las energías renovables,
al tiempo que incorpora de manera explícita la dimensión de la propiedad intelectual como un
factor central en la competitividad global. Asimismo, identifica a los sistemas aéreos no tripulados
como una industria con alto potencial de crecimiento, tanto por su capacidad de integración
tecnológica como por su relevancia en materia de defensa y soberanía.
La iniciativa también contempla herramientas de financiamiento, asistencia técnica y formación de
capital humano, entendiendo que la transformación productiva no puede sostenerse sin una política
educativa alineada con las nuevas demandas tecnológicas. En este sentido, se propone articular con
universidades y centros de formación para garantizar la capacitación de trabajadores y la generación
de nuevas oportunidades laborales de mayor calificación.
Uno de los ejes centrales del proyecto es evitar que la crisis actual derive en un proceso de
despoblamiento de la provincia, lo que tendría consecuencias directas sobre la soberanía nacional.
En este punto, Araujo advierte que la pérdida de empleo y la caída de la actividad económica no
sólo afectan a las empresas, sino que ponen en riesgo la continuidad de un entramado social
construido durante décadas en un territorio de enorme importancia estratégica por su vinculación
con el Atlántico Sur, la Antártida y la causa Malvinas.
“El Estado no puede limitarse a observar cómo se desarticula un modelo productivo que llevó años
construir. No hacer nada también es una decisión, y esa decisión implica más desempleo, más cierre
de empresas y más pérdida de capacidades”, afirma el diputado.
Frente a este escenario, el proyecto propone una transición ordenada que permita transformar la
crisis en una oportunidad, orientando el cambio en lugar de padecerlo. “La disyuntiva no es entre
apertura o protección. La verdadera disyuntiva es entre pasividad o estrategia”, concluye Araujo,
convocando a acompañar una iniciativa que busca no sólo sostener lo existente, sino proyectar a
Tierra del Fuego y a la Argentina hacia un nuevo modelo de desarrollo industrial.