El Tribunal halló culpable a un hombre de 24 años por abuso sexual agravado contra su hermana. Aunque la víctima se retractó durante el juicio, la Fiscalía sostuvo la acusación y logró una condena efectiva.
Un hombre de apellido Gómez, de 24 años, fue condenado a 8 años de prisión efectiva por el delito de abuso sexual con acceso carnal agravado, en un caso que conmocionó a la comunidad de Río Grande por tratarse de hechos ocurridos en el ámbito intrafamiliar.
La sentencia fue dictada por el Tribunal de Juicio, que consideró probados dos episodios de abuso —de un total mayor que había sido denunciado en un inicio— tras valorar el conjunto de pruebas reunidas durante la investigación y el debate oral.
Uno de los aspectos más sensibles del proceso fue la retractación de la víctima durante el juicio. La joven sostuvo ante los jueces que había denunciado a su hermano bajo amenazas, lo que generó un giro en su testimonio respecto de las declaraciones iniciales.
No obstante, desde la Fiscalía se mantuvo firme la acusación. El fiscal mayor Pablo Martín Bramati argumentó que la víctima se encontraba actualmente condicionada por su entorno familiar, dado que había retomado la convivencia con el grupo familiar, lo que —según planteó— podría haber influido en su cambio de versión. En ese marco, solicitó una pena de 12 años de prisión efectiva.
Por su parte, la defensora oficial Rita Marchi pidió la absolución del imputado al considerar que no existían elementos suficientes para sostener una condena, o bien, de manera subsidiaria, requirió que se aplicara el mínimo de la pena prevista por la ley.
Finalmente, el Tribunal resolvió condenar a Gómez a 8 años de prisión, entendiendo que los hechos acreditados configuran el delito de abuso sexual con acceso carnal agravado por el vínculo. Además, dispuso una serie de medidas de protección y asistencia para la víctima, con el objetivo de resguardar su integridad y acompañar su situación personal.
El caso vuelve a poner en agenda la complejidad de los delitos sexuales en contextos familiares, donde las dinámicas de poder, dependencia y presión del entorno pueden influir en el desarrollo de las denuncias y en el testimonio de las víctimas durante los procesos judiciales.