Según explicó, el punto de partida de la controversia fue la filtración de un memo interno del Departamento de Defensa estadounidense —el Pentágono— en el que se sugería que Washington podría revisar su posición sobre el conflicto. Sin embargo, Carmona aclaró que esa interpretación parte de una premisa errónea: “Estados Unidos nunca reconoció la soberanía británica sobre Malvinas”.
En ese sentido, remarcó que la histórica postura norteamericana ha sido la de reconocer una “administración de facto” por parte del Reino Unido, pero sin pronunciarse formalmente sobre la soberanía, manteniendo así una posición de neutralidad en el conflicto.
El ex funcionario señaló que la rápida reacción del Departamento de Estado de Estados Unidos, desmintiendo cualquier cambio de postura, deja en evidencia tensiones internas dentro del propio gobierno norteamericano. “Es muy llamativo que tengan que salir a aclarar que nada ha cambiado”, sostuvo.
Para Carmona, este episodio no debe interpretarse como un guiño hacia la Argentina, sino como parte de una estrategia mayor: “Estamos ante una operación para presionar a aliados de la OTAN que no acompañaron determinadas decisiones internacionales de Estados Unidos”.
En ese marco, consideró que el conflicto por Malvinas aparece como una variable dentro de un tablero geopolítico más amplio, donde los intereses de las grandes potencias priman por sobre cualquier gesto hacia países como Argentina.
Carmona planteó que un verdadero cambio de postura por parte de Estados Unidos implicaría un pronunciamiento claro y formal: “Debería decir explícitamente que las Malvinas son argentinas y que el Reino Unido viola el derecho internacional”.
Además, subrayó que ese respaldo debería expresarse en ámbitos multilaterales como la Organización de las Naciones Unidas, donde se discuten los procesos de descolonización. “Ese es el escenario clave, donde los países fijan posición y donde Argentina necesita seguir sumando apoyos”, explicó.
En esa línea, destacó que distintas naciones ya han respaldado la postura argentina o reconocido la existencia de una disputa de soberanía, lo que constituye un avance diplomático significativo.
El ex secretario fue especialmente crítico con la utilización política del tema. Advirtió que existe una “tentación” del gobierno de Javier Milei de aprovechar estas versiones para la política interna.
“Se están generando expectativas que no tienen sustento en la realidad”, afirmó, y comparó esa lógica con errores del pasado: “Hay discursos que recuerdan a los análisis equivocados previos a la Guerra de Malvinas, cuando se creía que Estados Unidos apoyaría a la Argentina, algo que nunca ocurrió”.
Carmona fue contundente al señalar que este tipo de especulaciones pueden resultar peligrosas: “No se puede jugar con un tema tan sensible. Hay que ser serios para no generar nuevas frustraciones en la sociedad”.
Otro de los puntos que cuestionó fue el alineamiento automático del Gobierno argentino con Washington. Según su análisis, esta estrategia puede resultar contraproducente: “Meterse en esa lógica genera ruido con otros países que sí apoyan a la Argentina”.
Asimismo, consideró que intentar mostrar beneficios concretos de esa cercanía —como una eventual recuperación de las islas— no se condice con la realidad actual.
También advirtió sobre la volatilidad en la política exterior estadounidense bajo la conducción de Donald Trump: “Hay contradicciones permanentes. Un día se dice una cosa y al otro se cambia. Eso hace que cualquier señal de apoyo sea poco confiable”.
Finalmente, Carmona vinculó la reaparición del tema Malvinas en la agenda pública con la situación interna del país. Sostuvo que el Gobierno busca desviar la atención de problemas económicos y sociales.
“Hay una situación económica crítica, con pérdida de empleo, caída de la producción y un impacto social muy fuerte”, describió. A eso sumó denuncias de corrupción que, según indicó, también afectan la imagen del oficialismo.
En ese contexto, consideró que Malvinas “aparece como un tema que sirve para distraer y reordenar la agenda pública”, aunque insistió en que se trata de una estrategia riesgosa.
“Argentina tiene que seguir trabajando seriamente para sumar apoyos internacionales, pero sin falsas expectativas ni especulaciones políticas”, concluyó.