01/05/2026 - Edición Nº442

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POLÍTICA

Manuel Adorni en el Congreso, en vivo: “Quiero dejarles en claro a todos que no voy a renunciar”

30/04/2026 08:54 | Al brindar su informe de gestión ante la Cámara de Diputados, el jefe de Gabinete se refirió al viaje de su esposa en el avión presidencial, sus salidas familiares al exterior y los presuntos contratos con su amigo, el periodista Marcelo Grandio. “¡Acá estoy, cumpliendo con la Constitución Nacional”, vociferó



El jefe de Gabinete, Manuel Adorni, presentó este miércoles en la Cámara de Diputados de la Nación su informe de gestión, en una sesión atravesada por un fuerte clima político y con la presencia en el recinto de Javier Milei y gran parte del Gabinete como señal de respaldo. Aunque la comparecencia respondió a una obligación constitucional, el contexto le otorgó un peso adicional: el funcionario llegó bajo cuestionamientos por denuncias de presunto enriquecimiento ilícito y utilizó su exposición para rechazar las acusaciones y defender su actuación.

En ese marco, los bloques opositores habían elevado más de 4.800 preguntas por escrito, de las cuales el Poder Ejecutivo respondió poco más de 2.100, con foco en economía, producción, salud y seguridad, entre otros temas. Con ese volumen de planteos y un recinto tensionado, la oposición buscó sostener una estrategia coordinada para evitar cruces que desordenaran la sesión, mientras el oficialismo apuostó a blindar políticamente al jefe de Gabinete en una jornada que combina exposición de gestión, defensa personal y alto voltaje político.

Lo que debía ser una jornada institucional de rendición de cuentas en el Congreso de la Nación Argentina terminó convertido en una escena deslucida, incómoda y, por momentos, francamente patética. El jefe de Gabinete, Manuel Adorni, se aferró al cargo con una frase repetida como mantra: “estoy acá dando la cara”. El problema es que, para buena parte del recinto, la cara no alcanzó.

La exposición arrancó con una puesta en escena más cercana a un acto partidario que a una instancia republicana. Aplausos, gestos de tribuna y la presencia del presidente Javier Milei marcaron el tono inicial: un respaldo cerrado que, lejos de fortalecer al funcionario, dejó la sensación de fragilidad política. Como si hiciera falta sostenerlo en escena para evitar que el libreto se desmorone.

Durante los primeros minutos, Adorni leyó con rigidez un discurso que buscó instalar una narrativa épica: el “gabinete más reformista de la historia”, el respeto por la división de poderes, la transparencia como bandera. Pero la épica se pinchó rápido. En política, cuando hay que repetir tanto que uno no cometió delitos, el clima ya está contaminado.

El momento clave llegó con las preguntas. El diputado Pablo Juliano fue directo: “¿Qué está esperando para renunciar?”. La respuesta de Adorni, leída con precisión quirúrgica, fue un no rotundo. No renuncia. No se mueve. Se queda. Aunque el aire alrededor diga otra cosa.

Ahí empezó a notarse la incomodidad real. Porque el problema no es la respuesta, sino el contexto. Un funcionario que necesita aclarar que no se va, en medio de cuestionamientos, ya está jugando un partido cuesta arriba.

Los bloques “del medio” —esos aliados circunstanciales que definen votaciones— optaron por el silencio o por preguntas técnicas, casi burocráticas. Obras, rutas, gestión. Nada que incomode. Nada que profundice. Un síntoma claro: cuando el centro político no confronta, es porque está midiendo costos. Y eso, en el Congreso, es olor a transición.

El contraste lo dio la oposición más dura. Miriam Bregman elevó el tono con críticas filosas, cuestionando el nivel de vida del funcionario, sus viajes, sus gastos y la desconexión con la realidad social. No hubo respuestas de fondo. Hubo esquivas. Hubo incomodidad.

Mientras tanto, la escenografía se desarmaba sola. Cuando Milei se retiró, también lo hicieron muchos funcionarios y legisladores oficialistas. La imagen fue brutal: el respaldo duró lo que dura un acto. Después, cada uno a lo suyo. El único que permaneció hasta el final fue Diego Santilli, en una postal que mezcló lealtad con cálculo político.

Siete horas después, lo que quedó no fue una defensa sólida, sino una sensación difusa: la de un funcionario que resiste más por decisión del poder que por fortaleza propia.

Adorni no renunció. Es cierto. Pero tampoco salió fortalecido.

En política, a veces quedarse es apenas postergar lo inevitable. Y otras veces —las más crudas— es empezar a perder sin darse cuenta.