por Redacción Del Pueblo
La entrevista comenzó a partir de un dato nacional sobre la caída histórica del consumo de carne vacuna en Argentina. Consultado sobre si esa situación también se refleja en Río Grande, Luis fue contundente: “Sí, por supuesto. Ya hace rato venimos diciendo que el consumo de carne viene cayendo muchísimo”.
En ese sentido, remarcó que varias carnicerías importantes de la ciudad debieron cerrar sucursales debido a la baja en las ventas y al incremento constante de los costos operativos. “Hoy mantener una carnicería es muy complicado. Tenés tarifas cada vez más altas, necesitás personal especializado, cámaras, logística y todo un mantenimiento detrás que la gente quizás no ve”, explicó.
El comerciante detalló que el trabajo con carne implica una estructura compleja, especialmente por el tipo de mercadería que se vende en Tierra del Fuego. “La mayoría trabaja con carne con hueso, eso requiere mucha mano de obra y una infraestructura importante. Además, hay que distribuir a distintos barrios, sostener vehículos y toda una logística que es costosa”, señaló.
Según afirmó, actualmente la rentabilidad del sector es prácticamente nula. “La realidad es que hoy las ganancias son mínimas. Da solamente para sostener la estructura y seguir abiertos”, indicó. Incluso mencionó el caso de productores locales que continúan manteniendo sucursales pese al contexto adverso, aunque consideró que muchos “están empatando la plata” y no obteniendo ganancias reales.
Uno de los puntos más preocupantes que describió Luis tiene que ver con el cambio en los hábitos de consumo de las familias. Explicó que, frente a los elevados precios de la carne, muchas personas comenzaron a reemplazarla por alimentos mucho más económicos.
“Los fideos son lo que más se mueve hoy en día. Porque con un poco de aceite y sal ya alcanza”, expresó. También sostuvo que el pollo comenzó a ocupar parte del lugar que antes tenía la carne vacuna, aunque aclaró que incluso allí se redujeron las cantidades.
“Antes una familia se llevaba un kilo y medio de picada y hoy lleva medio kilo para hacer rendir la comida”, relató. Para Luis, esta situación refleja claramente el deterioro del poder adquisitivo y la necesidad de racionalizar cada compra.
Además, advirtió que la caída del consumo no afecta únicamente a la carne, sino a todos los productos básicos. “Cayó el consumo general, cayó el consumo de leche y eso ya es gravísimo”, sostuvo. En ese marco, vinculó directamente la crisis comercial con el desempleo y la falta de actividad económica en la provincia.
“Acá se nota muchísimo la falta de trabajo. La gente no tiene plata y eso repercute en todo”, manifestó.
Durante la entrevista también se abordó el debate que se abrió en Río Grande en torno al crecimiento de ferias, paseos comerciales y nuevos emprendimientos que buscan habilitaciones especiales. Luis aclaró que el sector comercial no está en contra de los pequeños emprendedores o artesanos, pero sí cuestionó que existan diferencias en las exigencias y controles.
“Siempre estuvimos a favor de las ferias y de aquel pequeño comerciante local que trata de salir adelante. El problema es cuando empiezan a mezclarse cosas distintas”, afirmó.
En particular, hizo referencia al proyecto comercial que se analiza para el edificio de Montecarlo y al posible funcionamiento de decenas de locales en ese espacio. Según explicó, muchos comerciantes tradicionales observan con preocupación que podrían otorgarse excepciones especiales.
“Cuando vos buscás una excepción ya entrás en otro juego, donde algunos estamos bajo ciertas normas y otros bajo otras normas”, cuestionó.
Luis planteó además dudas sobre el impacto urbano y ambiental que podría generar el funcionamiento de más de cien locales comerciales en una zona céntrica de la ciudad. “¿Dónde van a estacionar los autos? ¿Dónde van a tirar la basura? Todo eso genera movimiento y tiene que analizarse”, remarcó.
También comparó la situación con otros paseos comerciales que cuentan con infraestructura adecuada. “Un shopping tiene estacionamiento, espacio para residuos y una estructura preparada. Acá estamos hablando de otra cosa”, sostuvo.
Otro de los reclamos que expresó el comerciante tuvo que ver con los controles y habilitaciones municipales. Allí dejó entrever malestar por lo que considera un trato desigual hacia distintos sectores.
“A algunos nos piden todos los papeles y parece que a otros no les piden nada”, afirmó. Incluso deslizó sospechas sobre posibles avisos previos antes de inspecciones. “Casualmente cuando llegan los inspectores está todo cerrado. Entonces uno empieza a pensar mal”, dijo.
No obstante, Luis consideró que el verdadero problema de fondo es mucho más profundo y está relacionado con la situación económica general. “Todo esto pasa por la falta de trabajo y por la falta de medidas económicas que generen empleo”, expresó.
En ese contexto, cuestionó que el debate termine enfrentando a comerciantes entre sí mientras la situación social empeora. “Estamos nivelando para abajo y peleándonos entre nosotros, cuando el problema es otro”, aseguró.
Sobre el final de la entrevista, Luis describió el impacto emocional que observa diariamente en los vecinos que llegan a comprar a los almacenes y comercios de barrio. Según relató, el humor social cambió drásticamente y hoy predominan la angustia, la preocupación y el cansancio.
“Hay mucha decepción. La gente ya ni sale de la casa”, aseguró. Explicó que incluso en días lindos se observa menos movimiento en las calles y menos personas disfrutando del centro de la ciudad.
“Antes veías familias tomando mate, caminando, disfrutando. Ahora ya no. La gente sale solamente si es necesario”, comentó.
Para el comerciante, detrás de esa situación existe un fuerte desgaste emocional provocado por la incertidumbre económica y la dificultad cotidiana para llegar a fin de mes. “La gente no quiere ni salir porque está todo muy pesado”, concluyó.