por Redacción Del Pueblo
La implementación del denominado “banco de horas” en las plantas autopartistas del Grupo Mirgor en la provincia de Buenos Aires abrió un intenso debate sobre los alcances de la reforma laboral impulsada por el Gobierno nacional. La medida, acordada entre la empresa y el sindicato SMATA para los establecimientos ubicados en Garín, Escobar y Varadero, representa la primera experiencia concreta de aplicación de uno de los puntos más controvertidos de la nueva legislación laboral.
Sobre este tema se refirió el abogado laboralista Santiago Sain, especialista en Derecho del Trabajo y columnista de Radio Continental Córdoba, quien analizó las implicancias de este nuevo esquema y advirtió que, si bien actualmente no alcanza a las plantas de Tierra del Fuego, podría convertirse en un antecedente para futuras negociaciones en la industria electrónica fueguina.
“Estamos hablando de uno de los cambios más importantes que introdujo la reforma laboral. Sin embargo, prácticamente no hubo debate público sobre este punto durante su tratamiento legislativo. La sociedad recién está comenzando a comprender su alcance ahora que aparecen los primeros acuerdos concretos”, sostuvo.
Según explicó el especialista, el banco de horas constituye una herramienta que permite a las empresas administrar la jornada laboral de acuerdo con las necesidades productivas. En los períodos de baja actividad, los trabajadores pueden cumplir menos horas sin sufrir descuentos salariales, pero esas horas quedan registradas para ser recuperadas posteriormente cuando la producción vuelva a incrementarse.
Sain explicó que el acuerdo firmado establece un límite de hasta 200 horas dentro de un período de doce meses.
En la práctica, si un trabajador tiene asignada una jornada de nueve horas y, debido a una caída de la producción o falta de insumos, trabaja solamente ocho, la empresa abonará igualmente las nueve horas correspondientes. Sin embargo, esa hora no trabajada quedará asentada en un registro y deberá ser compensada en el futuro cuando aumente la demanda.
“Hoy el trabajador cobra el salario completo, pero queda debiendo horas a la empresa. Cuando la actividad se recupere, deberá devolver ese tiempo mediante una extensión de su jornada laboral”, explicó.
El abogado señaló que este mecanismo modifica profundamente la lógica histórica de las horas extraordinarias, que hasta ahora implicaban una compensación económica adicional para el trabajador.
Uno de los aspectos más cuestionados por especialistas y sectores sindicales tiene que ver con la desaparición del pago tradicional de horas extras.
Hasta la implementación de este esquema, cualquier trabajador que extendiera su jornada laboral debía percibir un recargo salarial. En días hábiles, las horas extras se abonaban con un adicional del 50%, mientras que los sábados después de las 13 horas, domingos y feriados el recargo ascendía al 100%.
“El fundamento de ese adicional siempre fue compensar un esfuerzo extraordinario del trabajador. No solamente afecta al empleado, sino también a su familia, a sus tiempos de descanso y a su vida personal”, explicó Sain.
Con el banco de horas, ese criterio cambia.
“Una persona que antes cobraba horas extras por trabajar más tiempo ahora puede simplemente acumular esas horas para compensar períodos de menor actividad. El recargo económico desaparece y se reemplaza por tiempo de descanso o por un sistema de compensación posterior”, sostuvo.
Desde su perspectiva, esta situación representa una flexibilización de las condiciones laborales que reduce derechos históricamente conquistados por los trabajadores.
Otro de los puntos que genera preocupación es la posibilidad de extender significativamente las jornadas laborales cuando la producción lo requiera.
Sain explicó que el límite legal continúa siendo el descanso obligatorio de 12 horas entre jornadas, pero que el sistema habilita a que los trabajadores puedan cumplir hasta 12 horas diarias en determinados momentos.
“La legislación mantiene la obligación de garantizar 12 horas de descanso entre una jornada y la siguiente. Si un trabajador termina a las ocho de la noche, no puede volver a ingresar antes de las ocho de la mañana del día siguiente. Pero dentro de ese marco la jornada puede extenderse considerablemente”, indicó.
Según señaló, esto podría generar un impacto importante sobre la organización familiar y la calidad de vida de los empleados en momentos de alta exigencia productiva.
El especialista aclaró que el banco de horas no reemplaza ni modifica el convenio colectivo vigente.
Lo que ocurre es que la reforma laboral habilita la firma de acuerdos complementarios entre las empresas y los sindicatos para implementar este tipo de herramientas.
“Lo que existe es una cláusula adicional acordada entre la patronal y el sindicato. No se modifica el convenio colectivo de trabajo, pero sí se incorpora una modalidad específica de administración de la jornada laboral”, explicó.
En este caso, el acuerdo fue firmado por SMATA para las plantas autopartistas de Mirgor en Buenos Aires.
Una de las principales inquietudes en la provincia surge porque Mirgor posee importantes plantas industriales en Río Grande y concentra una parte significativa del empleo manufacturero fueguino.
Consultado sobre esta posibilidad, Sain señaló que actualmente el acuerdo no alcanza a Tierra del Fuego, ya que los trabajadores fueguinos se encuentran bajo representación de la Unión Obrera Metalúrgica (UOM) y no de SMATA.
“Por ahora Tierra del Fuego no está comprendida en este acuerdo. Se trata de una negociación específica para plantas autopartistas de Buenos Aires. Sin embargo, es evidente que se genera un antecedente que puede influir en futuras discusiones”, señaló.
En ese sentido, recordó que la reforma laboral establece que la implementación del banco de horas requiere necesariamente un acuerdo entre la empresa y la organización sindical correspondiente.
“Sin acuerdo sindical no hay banco de horas. La ley lo habilita, pero su aplicación concreta depende de la negociación entre las partes”, afirmó.
Para Sain, la aparición de este tipo de acuerdos no puede analizarse de manera aislada de la situación económica que atraviesa el sector industrial.
Según explicó, la actividad autopartista y manufacturera viene registrando una fuerte caída desde hace más de dos años, con pérdidas de empleo, suspensiones y reducción de la producción.
“Hay menos demanda, menos consumo, problemas de abastecimiento y un contexto general de recesión. Muchas empresas buscan mecanismos que les permitan sostener la actividad sin recurrir a despidos masivos”, explicó.
En ese marco, estimó que el sector autopartista perdió alrededor de 8.000 puestos de trabajo en los últimos años.
A su entender, las empresas utilizan la crisis como argumento para impulsar herramientas que flexibilizan la organización laboral y reducen costos operativos.
Durante la entrevista, el abogado también cuestionó los resultados que hasta ahora ha mostrado la reforma laboral impulsada por el Gobierno nacional.
“Se sostuvo que estas modificaciones generarían más empleo y más inversiones. Sin embargo, la realidad muestra que el trabajo formal no crece y que la informalidad sigue aumentando”, afirmó.
Como ejemplo, señaló que cerca del 47% de los trabajadores argentinos se desempeñan actualmente en condiciones de informalidad, una cifra que comparó con los niveles observados durante la crisis económica de 2001.
Además, remarcó que la desocupación continúa en niveles elevados y que las mejoras prometidas para el mercado laboral aún no se reflejan en los indicadores.
Finalmente, Sain destacó que la situación industrial no afecta únicamente a Tierra del Fuego.
En Córdoba, una de las provincias con mayor tradición automotriz de Argentina, las terminales y autopartistas también enfrentan dificultades derivadas de la caída de la producción y de la pérdida de competitividad frente a mercados como Brasil y México.
“Las suspensiones, los recortes de personal y la preocupación empresarial se repiten en distintos puntos del país. Estamos frente a una crisis industrial de alcance nacional”, advirtió.
Por ello consideró que el debate sobre el banco de horas recién comienza y que probablemente se extenderá a otros sectores productivos durante los próximos meses.
“La discusión de fondo es hasta dónde pueden flexibilizarse las condiciones laborales para sostener la actividad económica y qué impacto tendrá eso sobre los derechos de los trabajadores”, concluyó.