por Redacción Del Pueblo
La desaparición de una fuente radiactiva con cesio 137 en la ciudad de Rosario generó una fuerte preocupación a nivel nacional y abrió nuevamente el debate sobre el control y la seguridad de materiales nucleares utilizados en distintos ámbitos como la medicina, la industria y la investigación científica. El hecho fue advertido por organizaciones vinculadas a la temática nuclear y derivó en advertencias de especialistas que alertan sobre los riesgos que implica este tipo de sustancias cuando no están debidamente resguardadas.
El biólogo y profesor universitario Raúl Montenegro explicó que el cesio 137 es un elemento radiactivo que proviene del combustible nuclear agotado de las centrales nucleares. Señaló que se trata de un subproducto de alta actividad que puede ser separado y utilizado en aplicaciones específicas, como tratamientos médicos, calibración de equipos de medición o usos industriales vinculados a la exploración petrolera. Sin embargo, remarcó que su peligrosidad es inherente a su naturaleza, ya que emite radiación ionizante capaz de afectar directamente la materia viva.
Montenegro detalló que este material libera radiación beta, que puede penetrar algunos centímetros en la piel humana, y también radiación gamma a través de su descendiente radiactivo, el bario 137, con un poder de penetración mucho mayor. En este sentido, advirtió que el principal riesgo aparece cuando se pierde la integridad del sistema de contención que lo protege, generalmente compuesto por cápsulas selladas y blindajes de plomo diseñados para evitar cualquier fuga de radiación hacia el exterior.
El especialista explicó que el peligro se incrementa de manera significativa si el dispositivo es manipulado sin conocimiento, si se rompe el encapsulado o si se intenta extraer el material de su contenedor original. En esos casos puede producirse contacto directo con la sustancia o incluso su ingreso al organismo mediante ingestión accidental o inhalación de partículas contaminadas. También subrayó que en el caso de la radiación ionizante no existe un nivel de exposición completamente seguro, lo que implica que cualquier contacto indebido puede generar consecuencias biológicas dependiendo del tiempo y la intensidad de la exposición.
Para contextualizar la gravedad del caso ocurrido en Rosario, Montenegro recordó el accidente de Goiânia, en Brasil, ocurrido en 1987, considerado uno de los eventos radiológicos más graves de la historia fuera de una planta nuclear. En aquel episodio, una fuente de cesio 137 abandonada en una instalación médica fue encontrada por personas que desconocían su peligrosidad, lo que derivó en su manipulación y posterior dispersión del material. El resultado fue una grave contaminación radiológica que provocó cuatro muertes y afectó a más de doscientas personas con distintos niveles de exposición.
El experto destacó que aquel accidente demostró que incluso cantidades relativamente pequeñas de cesio 137 pueden generar consecuencias sanitarias severas si no se encuentran bajo control estricto. En ese sentido, advirtió que el caso de Rosario, si bien no tendría la misma magnitud, no debe ser minimizado ni tratado como un hecho menor, ya que involucra un material altamente riesgoso.
También señaló que en la Argentina se movilizan miles de fuentes radiactivas por año debido a sus múltiples usos en sectores como la salud, la industria y la investigación. Esta alta circulación implica la necesidad de sistemas de control muy rigurosos para garantizar su trazabilidad, almacenamiento seguro y transporte adecuado. Sin embargo, advirtió que a lo largo del tiempo se han registrado episodios de extravío o robo de este tipo de materiales, lo que pone en evidencia debilidades en los mecanismos de fiscalización.
Montenegro también alertó sobre los posibles usos indebidos de estas fuentes radiactivas, incluyendo escenarios en los que podrían ser utilizadas para la construcción de dispositivos de dispersión radiológica conocidos como “bombas sucias”. Estos artefactos no tienen la capacidad destructiva de un arma nuclear, pero pueden generar contaminación ambiental y sanitaria en áreas urbanas, con efectos prolongados en el tiempo.
En relación a la política nuclear, el especialista mencionó el caso de Tierra del Fuego como una provincia históricamente declarada “zona no nuclear”, lo que implica restricciones a la instalación de reactores nucleares de potencia y depósitos de residuos radiactivos de alta actividad. Consideró que este tipo de normativas funcionan como medidas preventivas orientadas a proteger a la población y el ambiente frente a riesgos tecnológicos de gran escala.
Asimismo, advirtió sobre las consecuencias potenciales de accidentes en centrales nucleares, citando como ejemplos los casos de Chernóbil y Fukushima, clasificados como eventos de nivel 7, el máximo en la escala internacional de accidentes nucleares. Según explicó, en este tipo de situaciones el impacto radiológico puede extenderse a grandes distancias, en algunos casos entre 500 y 800 kilómetros desde el punto del accidente.
Finalmente, sostuvo que el episodio de la fuente radiactiva en Rosario debe ser interpretado como una señal de alerta para reforzar los sistemas de control, mejorar la trazabilidad de las fuentes radiactivas y fortalecer las políticas de fiscalización en todo el país. Enfatizó que no se trata de un hecho aislado ni menor, sino de una advertencia sobre la necesidad de extremar las medidas de seguridad.
El especialista concluyó que estos acontecimientos deben servir para revisar de manera profunda cómo se gestionan los materiales radiactivos en la Argentina y evitar que situaciones similares se repitan en el futuro.