Y no sólo eso. Según pudo saber Clarín de fuentes oficiales informadas de lo ocurrido, pero que en el Gobierno argentino niegan —aunque en realidad la Cancillería evitó desde un primer momento referirse a todo este capítulo complejo en las relaciones con Londres y no explica las cosas como son—, el Foreign Office le entregó la nota de protesta formal a la embajadora argentina en Londres, Mariana Plaza.
En esta nota de contra protestaentregada en las últimas horas, el gobierno del Reino Unido—que está en una transición de primer ministro, de Keir Starmer a Andy Burnham— no sólo subrayó no haber hecho “nada” fuera de los acuerdos bilaterales sobre las medidas de confianza en torno a las Islas Malvinas para evitar incidentes: El Foreign Office y el Departamento de Defensa se expresaron a través de una sola nota en la que afirman que toda la operación con el HMS Medway “fue ajustada a los procedimientos habituales”.
Además ahora, en medio de una tensión bilateral que no cesa y que se mezcló con el enfrentamiento deportivo entre los equipos de Argentina e Inglaterra en el Mundial de Futbol, los británicos fueron los que acusaron al gobierno libertario de “violar”, con su protesta acuerdos internacionales sobre la navegación y el uso de los mares establecidos en la Convención del Mar, de Naciones Unidas.
Y también le habrían expresado a la embajadora preocupación “por los dichos de la vicepresidenta Victoria Villarruel", que por la red social X los llamó “piratas usurpadores”.
El Gobierno quedó enredado en toda la situación del buque de guerra, la victoria rotunda de Argentina versus Inglaterra -por un histórico 2 a 1-, por el despliegue de una bandera con la leyenda "Las Malvinas son Argentinas" enojó a británicos y descolocó al gobierno de Milei que prefiere enfriar los choques por la soberanía de las Malvinas, que igual, en lo diplomático reclama.
Explotaron las repercusiones y los contragolpes verbales de la oficina del Primer Ministro, que sostuvo que las “Islas Falkland son británicas” y tienen derecho a la autodeterminación. Pero también también repercutieron las declaraciones de Villarruel, contraria a la línea de bajar las rispideces de Milei y el canciller Quirno.
Para el caso, la ministra de Seguridad Alejandra Monteoliva se había plegado a la línea de seguridad estadounidense de que al partido no se llevaran imágenes que pudieran ser provocadoras en temas sensibles. Los jugadores fueron apoyados popularmente y Monteoliva recibió críticas, al igual que se reavivaron en redes las opiniones de Milei sobre su admiración por Margaret Thatcher en materia económica.
Por si fuera poco, el Peronismo y Provincias Unidad están pidiendo explicaciones al Gobierno por todo lo ocurrido. El diputado Guillermo Michel y otros legisladores fueron más allá y le piden al embajador británico David Cairns que les dé una audiencia.
Es en esa línea que hay que leer las protestas mutuas que se hicieron con el buque. En plenos preparativos para un viaje de comercio e inversión que Milei quiere hacer a Londres para fines de octubre —la Argentina Week en Londres— y del acuerdo comercial que busca cerrar con los británicos, bilateral o a través del Mercosur, el Gobierno demoró más de una semana en reaccionar contra el paso del buque, que en realidad no puede prohibir. Lo que le achacaban en el Gobierno a los británicos fue la “informalidad” del aviso de la zarpada de Malvinas el 4 de julio y su llegada a Punta Arenas el 5.
También protestaron contra el Gobierno de Chile, porque marinos trasandinos recibieron a las autoridades militares del Medway, lo que cayó muy mal entre los vecinos.
El lugar en el que el Gobierno argentino y el británico se retrucan es la acusación argentina al buque de guerra de haber violado, entre otros, los compromisos asumidos por ambos Gobiernos en la Declaración Conjunta del 25 de septiembre de 1991, que sustituye los anexos I, II, III y IV de la Declaración Conjunta de Madrid del 15 de febrero de 1990, en su apartado 1.2: "Medidas de fortalecimiento de la confianza", punto "b" (texto según la Declaración Conjunta dada en Buenos Aires y Londres el 12 de julio de 1993).
Esto se refiere a las Medidas de Fortalecimiento de la Confianza que Argentina y el Reino Unido acordaron tras la normalización de las relaciones diplomáticas luego de la guerra de Malvinas. Es engorroso el listado, pero, siguiendo esta línea, Londres debería haber avisado con 48 horas de anticipación que el buque iba a navegar por aguas argentinas para adentrarse luego en el Estrecho de Magallanes.
Gran Bretaña niega no haberlo comunicado en tiempo y forma, ni por WhatsApp —este sería el motivo de choque—, y dice que lo que viola la Argentina es la Convemar (o UNCLOS, por sus siglas en inglés), que reconoce el derecho de los buques de guerra a navegar por los mares nacionales (mar territorial) bajo la figura jurídica de"paso inocente". Este tránsito debe ser continuo y rápido, y no puede implicar amenazas, uso de la fuerza ni actividades militares hostiles.
La reacción de Milei
Más alla de su admiración por Thatcher, bajo cuyo gobierno los británicos vencieron a los argentinos en la guerra por Malvinas de 1982, Milei siempre dijo en su presidencia que las Malvinas son argentinas y que se van a recuperar. Sin embargo, hay algunas cuestiones sobre el asesoramiento que está recibiendo el Presidente, puesto que en una entrevista radial dio a entender que Trump lo va a ayudar en esa titánica tarea. Y dijo que sus cancilleres estaban obligando al Reino Unido a sentarse a negociar en las Naciones Unidas, cuando no es así.
Entre tanto, en una entrevista, tras el partido restó importancia diplomática al gesto de los jugadores. Señaló que se trató de una reacción propia de la emoción del partido y no de una decisión del Gobierno. En declaraciones a El Observador afirmó que eran "cosas que pasan en la cancha con los jugadores" y que no forman parte del conflicto diplomático entre ambos países.
Agregó que, en el peor de los casos, una eventual sanción de la FIFA sería económica y dijo que el gesto era"entendible" por el contexto del triunfo frente a Inglaterra. Cuestionó lo que denominó "patrioterismo berreta".
Pero cuando circuló un supuesto email del Pentágono en el que decían que Trump iba a cambiar la posición de neutralidad de Estados Unidos sobre las islas dando a entender que podían dar un apoyo a la Argentina, las tribus digitales en redes sociales estallaron de júbilo incluyendo al Presidente y al Canciller reposteando sus mensajes. Después se apagaron cuando el secretario de Estado Marco Rubio desestimó el cambio sosteniendo que "sólo" había sido un email filtrado.