por Redacción Del Pueblo
El Canal Beagle se consolida año tras año como uno de los principales refugios naturales para distintas especies de ballenas que llegan a las costas fueguinas en busca de alimento. Lejos de tratarse de apariciones ocasionales, los registros científicos demuestran que muchos de estos animales regresan de manera periódica, utilizando las aguas del extremo sur argentino como parte de sus rutas migratorias.
Así lo explicó la investigadora del Centro Austral de Investigaciones Científicas (CADIC-CONICET), Natalia Dellabianca, quien desde hace años trabaja en el seguimiento de cetáceos en Tierra del Fuego mediante técnicas de fotoidentificación y monitoreo científico.
En diálogo con FM Del Pueblo, la especialista señaló que el regreso de las ballenas ya no es una hipótesis, sino un comportamiento comprobado gracias al trabajo conjunto entre investigadores y la comunidad.
"Hace varios años que venimos registrando la presencia de estos animales y logramos identificar individuos específicos. Eso nos permitió comprobar que los mismos ejemplares regresan en distintas temporadas", explicó.
Según detalló Dellabianca, el principal motivo por el cual las ballenas vuelven al Canal Beagle está relacionado con la abundancia de alimento.
Las aguas fueguinas ofrecen importantes concentraciones de sardina fueguina y langostilla, dos especies que constituyen la base de la alimentación de las ballenas jorobadas y las ballenas sei, que son precisamente las que con mayor frecuencia pueden observarse en la región.
"Es una gran área de alimentación. Muchos de estos animales también utilizan el Estrecho de Magallanes para alimentarse, donde encuentran las mismas presas", indicó.
La investigadora explicó que además de las jorobadas y las sei, ocasionalmente también pueden observarse ballenas minke y, de manera mucho más excepcional, ejemplares de ballena franca austral.
Uno de los aspectos más destacados del trabajo que desarrolla el CADIC-CONICET es el proyecto de fotoidentificación, una iniciativa que comenzó en 2013 y que cobró un fuerte impulso a partir de 2018 gracias a la participación ciudadana.
El método consiste en fotografiar la parte inferior de la cola de las ballenas jorobadas. Cada ejemplar posee un patrón único de manchas y pigmentación que funciona como una huella digital.
De esa manera, los investigadores pueden reconocer a cada individuo y elaborar una base de datos que permite conocer cuántos animales visitan el Canal Beagle, con qué frecuencia lo hacen y si regresan en temporadas posteriores.
"Los turistas, los capitanes de embarcaciones, los guías, tripulantes y también vecinos que navegan o recorren Playa Larga nos envían fotografías. Gracias a esa colaboración podemos identificar a los animales y reconstruir parte de su historia", explicó.
Hasta el momento, la información recopilada permitió establecer que al menos un 30% de las ballenas identificadas regresan en distintas temporadas, aunque Dellabianca aclaró que ese porcentaje seguramente sea mayor.
"Sabemos que muchos animales vuelven, pero no siempre logramos fotografiarlos todos. Por eso hablamos de un mínimo comprobado", sostuvo.
Pese a los avances alcanzados, todavía existen numerosos interrogantes sobre el recorrido que realizan estos enormes mamíferos marinos.
La investigadora explicó que la mayoría de las ballenas registradas en el Canal Beagle provienen del Océano Pacífico, aunque también existen coincidencias con ejemplares identificados previamente en el Atlántico.
Sin embargo, aún no es posible determinar con certeza si las ballenas observadas frente a las costas atlánticas de Tierra del Fuego pertenecen exclusivamente a esa población o si algunas atraviesan el Estrecho de Magallanes para ingresar luego al Canal Beagle.
"Para responder esa pregunta necesitaríamos colocar transmisores satelitales en los animales, pero se trata de tecnología muy costosa y hoy no contamos con los recursos necesarios para hacerlo", explicó.
El crecimiento del número de ballenas también despertó un creciente interés turístico, especialmente entre quienes realizan excursiones náuticas o las observan desde sectores costeros como Playa Larga.
Consultada sobre este fenómeno, Dellabianca señaló que Tierra del Fuego cuenta con la Ley Provincial Nº 576, que regula el acercamiento a mamíferos marinos, aunque todavía no existe una normativa específica para la actividad de avistaje de cetáceos.
Aun así, remarcó que existen recomendaciones internacionales de buenas prácticas que deberían respetarse para minimizar cualquier impacto.
"No creo que las personas se acerquen con intención de molestar a los animales. Muchas veces es simplemente desconocimiento y las ganas de observarlos de cerca", explicó.
Entre las conductas recomendadas se encuentran mantener distancias prudentes, evitar persecuciones con embarcaciones y reducir la velocidad cuando se detecta la presencia de ballenas.
También señaló que los propios animales manifiestan cuándo una situación comienza a generarles estrés.
"Cuando se sienten perturbadas empiezan a modificar su comportamiento. Realizan inmersiones más largas, buscan alejarse, golpean la cola o las aletas contra el agua. Esas son señales que debemos aprender a interpretar."
Si bien muchas personas consultan sobre cómo evitar molestar a las ballenas desde la costa, Dellabianca consideró que el principal problema no pasa por la presencia de observadores terrestres sino por la conservación del ambiente marino.
"La mejor manera de cuidar a las ballenas es evitar la degradación del ecosistema. Si afectamos el ambiente donde viven sus presas, terminamos afectando toda la cadena alimentaria."
La investigadora explicó que un ecosistema saludable beneficia no solamente a las ballenas sino también a pingüinos, delfines, toninas y una enorme diversidad de especies que habitan el mar fueguino.
Durante la entrevista también fue consultada sobre el impacto que podrían generar emprendimientos como la salmonicultura en el Canal Beagle.
Sin referirse a proyectos específicos, Dellabianca recordó que distintas experiencias internacionales demostraron que las alteraciones ambientales pueden repercutir sobre toda la trama ecológica.
"Cuanto más preservado esté el ambiente marino, mayores serán las posibilidades de conservar las especies que viven en él", sostuvo.
La especialista considera que el regreso sistemático de las ballenas abre una oportunidad muy importante para el desarrollo turístico de Tierra del Fuego.
Según explicó, la mayor presencia de ejemplares suele registrarse entre febrero y junio, especialmente durante abril, mayo y junio, meses que coinciden con una etapa de menor movimiento turístico respecto del verano.
Esto permitiría fortalecer una nueva oferta basada en el avistaje responsable de cetáceos y complementar otras actividades tradicionales de la provincia.
"Podemos empezar a hablar de una verdadera temporada de ballenas. Es un recurso natural extraordinario que puede potenciar el turismo, siempre que se desarrolle de manera sostenible y con absoluto respeto por los animales."
Finalmente, Dellabianca destacó el valor de la participación ciudadana en las investigaciones científicas y alentó a quienes tengan la oportunidad de observar ballenas a registrar fotografías y compartirlas con los proyectos del CADIC.
"Cada imagen puede aportar información muy valiosa para conocer mejor a estos animales y seguir construyendo conocimiento sobre una de las especies más emblemáticas que visitan las costas fueguinas", concluyó.