De esta manera, el termómetro político de la administración libertaria volvió a marcar números en rojo, lo que seguramente ya genere toda una preocupación en la Casa Rosada.
Con este resultado, el indicador se ubicó en 1,94 puntos, acumulando un retroceso del 21% en los últimos doce meses y situando el promedio de la gestión en un registro histórico bajo.

Se derrumba la confianza en el Gobierno de Javier Milei
El relevamiento mensual reflejó bajas generalizadas en casi todos los componentes que miden el pulso de la opinión pública, siendo el área de eficiencia la que sufrió el golpe más duro con un desplome del 15,4% (1,79 puntos). Le siguieron la capacidad (-7,3%), la preocupación por el interés general (-6,9%), la evaluación general del gobierno (-2,5%) y, en menor medida, la honestidad, que se mantuvo estable (-0,4%).
En la perspectiva histórica a los 31 meses de mandato, el ICG de la administración actual se encuentra por debajo de los registros que ostentaban Mauricio Macri (2,01) y Néstor Kirchner (2,26) en tramos similares de sus gestiones, aunque continúa superando los niveles que atravesaban las administraciones de Cristina Fernández de Kirchner y Alberto Fernández en idénticos períodos.

Se derrumba la confianza en el Gobierno de Javier Milei
El desglose demográfico y geográfico del informe exhibió dónde se concentraron las mayores retracciones de confianza hacia el Ejecutivo:
Por edad y género: El sector etario que experimentó el desplome más pronunciado fue el de los jóvenes de entre 18 y 29 años, con una caída del 23% (1,68 puntos). En cuanto al género, la brecha se redujo debido a una fuerte contracción entre los varones (-11,3%), que de todas formas se mantienen por encima de las mujeres.
En el plano geográfico: El Gran Buenos Aires (GBA) se erigió como el principal motor de la desconfianza con una baja del 10,9% (1,63 puntos), superando ampliamente los descensos registrados en el interior del país y en la Ciudad de Buenos Aires.
Seguridad y economía: Un dato significativo se dio en materia de seguridad, donde el índice se derrumbó un 25,9% entre aquellos ciudadanos que afirmaron haber sido víctimas de algún delito (ellos o sus familias). En el plano económico, la polarización fue total: se contrajo fuertemente entre quienes vislumbran un futuro adverso, pero se mantuvo al alza entre los optimistas.