por Redacción Del Pueblo
Durante una entrevista, Garófalo remarcó que el sector empresario reconoce que existen dificultades para sostener determinadas producciones frente a competidores internacionales que cuentan con estructuras de costos y escalas muy diferentes. Sin embargo, consideró que cualquier modificación del esquema productivo debe contemplar la realidad de las empresas radicadas en la provincia y, fundamentalmente, evitar procesos abruptos que puedan generar un impacto negativo sobre el empleo.
“Desde nuestra óptica, obviamente lo que pretendemos es que se tenga clara la importancia de la actividad productiva nacional”, afirmó.
El dirigente empresarial aclaró que el planteo de la industria no apunta a reclamar beneficios ilimitados ni mecanismos que impliquen trasladar los costos directamente a los consumidores. “Nadie está pidiendo subsidios desmesurados, ni que se la privilegie, ni que se castigue al consumidor”, sostuvo.
Para Garófalo, el camino debería ser mucho más racional y estar basado en una planificación productiva que permita determinar qué bienes tiene sentido fabricar en Tierra del Fuego y cuáles presentan mayores dificultades para competir con productos provenientes de otros mercados.
“El tema es hacer algo racional”, explicó, y sostuvo que hay determinados bienes cuya producción en el continente o en Tierra del Fuego puede resultar poco viable si se pretende competir directamente con algunos de los principales productores internacionales.
En ese escenario, planteó que la provincia debería concentrarse progresivamente en aquellas actividades donde posee ventajas comparativas y donde pueda construir una industria con mayor capacidad de competir a nivel nacional e internacional.
“Llegamos a la conclusión que determinados bienes es imposible de producir en el continente o en Tierra del Fuego porque no tiene sentido derivar recursos a esa actividad, porque nunca vamos a alcanzar el nivel que tiene algún competidor externo”, señaló.
Sin embargo, el planteo de Garófalo no implica abandonar de manera inmediata las actividades que actualmente funcionan en la provincia. Por el contrario, remarcó que una eventual reconversión debería desarrollarse con las empresas existentes y contando con un período suficientemente extenso para permitir su adaptación.
“Tenemos ventajas comparativas en otros y que, por lo tanto, tendríamos que dedicarnos a ir hacia ese lado, ¡pues hagámoslo! Con las empresas adentro y con el plazo necesario para esta reconversión”, afirmó.
El empresario insistió así en la necesidad de establecer una hoja de ruta que permita modificar progresivamente la matriz productiva sin provocar un quiebre repentino en la actividad industrial.
Como referencia para explicar la magnitud de los tiempos que requiere una transformación de este tipo, Garófalo recurrió a la experiencia de la industria textil en otros países.
Según explicó, la llegada de productos provenientes de China y Pakistán provocó fuertes dificultades para la industria textil de diferentes economías. Frente a ese escenario, países como Corea del Sur, Turquía e Italia optaron por desarrollar procesos de reconversión que les permitieron mantener la actividad, pero orientándola hacia segmentos específicos donde podían alcanzar mayores niveles de competitividad.
“Los tres reconvirtieron su industria textil sin dejar de ser textiles, yendo hacia nichos de mercado donde hoy tienen ventaja comparativa”, detalló.
Para Garófalo, este ejemplo resulta particularmente importante porque demuestra que la reconversión productiva no significa necesariamente el cierre de una actividad o la desaparición de una industria. Puede implicar, en cambio, una transformación de los productos, los procesos y los mercados hacia aquellos segmentos donde existen mejores condiciones para competir.
Pero también puso el foco en el tiempo necesario para concretar esos cambios.
“¿Pero saben cuánto tardó esa reconversión? Entre 15 y 20 años en cada país”, afirmó.
La referencia generó la inmediata reacción del periodista, quien destacó la extensión de esos procesos. Garófalo volvió a insistir en que una transformación estructural no puede realizarse de manera inmediata.
“Esto no se hace de la noche… entre 15 y 20 años”, remarcó.
En ese punto, el titular de CAFIN vinculó la experiencia internacional con la situación particular de Tierra del Fuego. Reconoció que el régimen de promoción industrial tiene alrededor de cinco décadas de existencia, pero cuestionó que durante ese período no se haya sostenido de manera sistemática una discusión estratégica acerca del objetivo que debería tener el esquema hacia el futuro.
“Ustedes dirán: ‘pero Tierra del Fuego, el régimen tiene 50 años’. Sí, el régimen tiene 50 años, pero pocas veces nos sentamos a discutir seriamente para qué queremos este régimen y hacia dónde tiene que ir”, planteó.
La afirmación apunta directamente a uno de los principales debates que atraviesan actualmente a la provincia: cuál debe ser el rol del régimen industrial en las próximas décadas y cómo puede adaptarse frente a los cambios en el comercio internacional, la tecnología, los costos de producción y las políticas económicas nacionales.
En lugar de plantear únicamente la continuidad del esquema vigente, Garófalo propuso abrir una discusión más amplia que permita definir objetivos productivos de largo plazo. En su visión, el régimen debería estar acompañado por una estrategia que establezca hacia dónde pretende avanzar la industria fueguina y cuáles son las actividades que pueden generar mayores oportunidades.
El dirigente empresario también dejó en claro que esa transformación debería contemplar a quienes actualmente forman parte de la estructura industrial. Por eso insistió en que el proceso debe realizarse “con las empresas adentro”, evitando que la reconversión se transforme en una reducción abrupta de la actividad.
La discusión adquiere especial relevancia en un contexto de creciente preocupación por el impacto que pueden tener las modificaciones en las condiciones de importación y la mayor competencia de productos fabricados en otros países.
Para los sectores vinculados a la producción fueguina, uno de los principales interrogantes es cómo sostener el entramado industrial y el empleo frente a un escenario en el que determinadas empresas pueden enfrentar dificultades para competir exclusivamente por precio.
En ese sentido, las palabras de Garófalo buscan introducir una tercera alternativa en el debate: ni mantener indefinidamente un esquema sin modificaciones, ni desarmarlo de manera inmediata, sino establecer una transición planificada que permita desarrollar nuevas capacidades productivas.
La propuesta también supone discutir qué sectores deberían recibir prioridad, cuáles pueden tener posibilidades de crecimiento y en qué áreas Tierra del Fuego puede construir ventajas que le permitan sostener una actividad industrial competitiva.
Para Garófalo, esa conversación todavía no está teniendo el espacio necesario. “Esa es una discusión pendiente que nosotros estamos dispuestos a dar, pero que lamentablemente hoy no tenemos eco para hacerlo”, expresó.
De esta manera, el titular de CAFIN volvió a poner sobre la mesa la necesidad de pensar el futuro industrial de Tierra del Fuego más allá de las coyunturas económicas y políticas inmediatas.
El desafío, según su planteo, consiste en construir una estrategia de transformación que permita preservar el entramado productivo existente mientras se generan nuevas oportunidades. Y para ello, advirtió, será necesario contar con reglas claras, previsibilidad y un horizonte de varios años.
La experiencia de otros países citada por Garófalo funciona, en su análisis, como una advertencia sobre la velocidad que pueden tener estos procesos: una industria puede reconvertirse y mantener su actividad, pero difícilmente pueda hacerlo en cuestión de meses o pocos años.
En el caso fueguino, sostuvo que la discusión sobre el futuro del régimen industrial lleva demasiado tiempo pendiente y que ahora debería convertirse en una política de Estado que permita definir qué provincia productiva se pretende construir para las próximas décadas.
El planteo vuelve a colocar en el centro de la escena el debate sobre el régimen de promoción industrial, pero desde una perspectiva que busca combinar continuidad, transformación y planificación. Para Garófalo, la clave no está solamente en defender lo que existe, sino también en definir hacia dónde debe evolucionar la industria fueguina y generar las condiciones para que esa transición pueda concretarse sin dejar atrás a las empresas ni a los trabajadores.