El dirigente Mariano Viaña impulsó la idea de avanzar hacia la creación de un “Mercado Común Austral”, una propuesta que busca pensar al extremo sur como una región integrada y convertir antiguas diferencias y conflictos en oportunidades de cooperación, desarrollo y convivencia pacífica.
La iniciativa toma como referencia el proceso de integración europeo posterior a la Segunda Guerra Mundial, cuando países históricamente enfrentados comenzaron a establecer acuerdos económicos y mecanismos de cooperación que, con el tiempo, permitieron construir una relación política y social más amplia.
Desde esa perspectiva, Viaña plantea trasladar esa experiencia al extremo austral, una región atravesada también por conflictos históricos, entre ellos la tensión argentino-chilena por el canal Beagle en 1978 y la Guerra de Malvinas de 1982.
El proyecto sostiene que recordar esos acontecimientos no significa quedar atrapados en el pasado, sino utilizar esa experiencia para construir un futuro basado en el diálogo, la cooperación y el respeto mutuo.
Malvinas: cooperación sin resignar soberanía
Uno de los aspectos centrales de la propuesta es la cuestión Malvinas. El documento establece que un proceso de integración regional no implicaría renunciar a los derechos soberanos argentinos sobre las Islas Malvinas, Georgias del Sur y Sandwich del Sur y los espacios marítimos correspondientes.
La propuesta sostiene que Argentina puede mantener su reclamo soberano por las vías pacíficas y diplomáticas y, simultáneamente, impulsar mecanismos de comunicación, cooperación y vínculos humanos con los habitantes de las islas.
En ese sentido, Viaña plantea que la integración económica y humana no resolvería por sí misma la disputa de soberanía, pero podría ayudar a generar confianza, reducir prejuicios y abrir nuevas posibilidades para una solución futura y pacífica.
Una región que conecte Tierra del Fuego, Patagonia y Magallanes
El denominado Mercado Común Austral tendría como núcleo territorial a Tierra del Fuego, Santa Cruz y la Región de Magallanes y de la Antártica Chilena, incorporando a las Islas Malvinas mediante mecanismos especiales de cooperación práctica y sin perjuicio de las posiciones de cada parte respecto de la soberanía.
La propuesta contempla articular ciudades como Ushuaia, Río Grande, Tolhuin, Río Gallegos, El Calafate, El Chaltén, Puerto Natales, Punta Arenas, Porvenir y Puerto Williams, además de las comunidades de las islas.
Entre los objetivos aparecen la facilitación del tránsito de personas y mercaderías, la reducción de trabas burocráticas, la recuperación de conexiones aéreas, marítimas y terrestres y el impulso al comercio y la complementación productiva.
Más conectividad para el extremo sur
La conectividad aparece como uno de los pilares de la iniciativa.
Viaña propone recuperar y ampliar vuelos entre Río Gallegos, Río Grande, Ushuaia y Punta Arenas, fortalecer las conexiones aéreas y marítimas con Puerto Williams y analizar nuevas vinculaciones entre Almanza y Puerto Williams, así como entre Lapataia y Yendegaia.
También plantea estudiar servicios marítimos regionales y mecanismos que permitan simplificar el tránsito vecinal fronterizo.
El objetivo es atacar uno de los principales problemas estructurales de la región: las grandes distancias y el aislamiento.
Turismo bajo una identidad común
Otro de los ejes es la construcción de un gran circuito turístico que integre la Patagonia, Tierra del Fuego, el estrecho de Magallanes, el canal Beagle, cabo de Hornos, Malvinas y la Antártida.
La propuesta incluso plantea utilizar internacionalmente la identidad “Región del Fin del Mundo”, con una oferta turística integrada que permita conectar diferentes destinos australes.
Un polo estratégico para la Antártida
El proyecto también pone el foco en la actividad antártica y propone aprovechar las capacidades de Ushuaia, Río Grande, Punta Arenas y Puerto Williams para desarrollar servicios complementarios.
Entre ellos se incluyen servicios portuarios y aeroportuarios, abastecimiento de buques y aeronaves, almacenamiento, reparaciones navales, servicios científicos, tecnológicos y sanitarios, además de gestión de residuos y provisión de alimentos y equipamiento.
La intención es posicionar al extremo austral como uno de los principales centros internacionales de apoyo a la actividad antártica.
Producción, empleo y desarrollo regional
El Mercado Común Austral también apunta a la complementación productiva entre los distintos territorios.
La iniciativa propone facilitar el intercambio de productos regionales y promover la cooperación en actividades ganaderas, pesqueras, forestales e industriales, además de fortalecer a las pequeñas y medianas empresas.
También se plantea coordinar puertos, depósitos fiscales y zonas francas, promover inversiones conjuntas y desarrollar programas de producción y empleo.
Una construcción en cuatro etapas
La propuesta de Viaña plantea avanzar gradualmente.
En una primera etapa se buscaría generar una mesa permanente de cooperación austral, incorporando a gobiernos, municipios, universidades, cámaras empresariales, sindicatos, productores y organizaciones sociales.
Luego se avanzarían acuerdos específicos en transporte, turismo, comercio, salud, ciencia, ambiente y logística antártica.
Una tercera etapa contempla una mayor integración económica, con corredores logísticos, simplificación aduanera, complementación de puertos y aeropuertos y programas conjuntos de producción y empleo.
Finalmente, cuando exista un nivel suficiente de confianza, se podría evaluar la creación de un organismo permanente del Mercado Común Austral.
“La paz también significa crear trabajo”
En el espíritu de la propuesta aparece una definición central: la paz no consiste solamente en evitar una guerra, sino también en construir caminos, puertos y comunicaciones, generar empleo y ofrecer mejores oportunidades para quienes viven en el extremo sur.
Para Viaña, las comunidades australes comparten dificultades vinculadas con las distancias, el aislamiento, el clima y las comunicaciones, pero también pueden compartir soluciones.
El Mercado Común Austral aparece así como una idea de largo plazo que busca convertir al extremo sur en una región de cooperación, desarrollo e integración, manteniendo al mismo tiempo las posiciones históricas de cada país y, en el caso argentino, el reclamo irrenunciable por la soberanía sobre Malvinas.
La propuesta abre así un debate político y regional de enorme alcance: cómo construir cooperación en una región marcada por conflictos históricos sin abandonar la memoria ni los reclamos soberanos, pero apostando a un futuro de desarrollo compartido.