La industria manufacturera profundizó su crisis durante julio y registró su mayor caída mensual desde marzo de 2025. De acuerdo con los datos oficiales difundidos por el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC), el Índice de Producción Industrial (IPI) manufacturero retrocedió 5% respecto de junio y quedó en niveles similares a los observados a mediados de 2024.
La caída alcanzó a todas las divisiones industriales en la comparación mensual. Los mayores retrocesos se registraron en Muebles y otras industrias manufactureras, con una baja del 13,9%; Productos de metal, maquinaria y equipo, con -8%; y Automotores y otros equipos de transporte, con -6,4%.
En la comparación interanual, la actividad industrial también mostró un resultado negativo, con una contracción del 4,9% respecto de julio de 2025.
Los sectores que registraron los descensos más pronunciados fueron Maquinaria y equipo (-20,5%), Otros equipos, aparatos e instrumentos (-19,1%) y Prendas de vestir (-15,9%).
Uno de los principales factores que explican el deterioro industrial es la debilidad de la demanda interna. La pérdida de poder adquisitivo y la reducción del consumo impactan directamente sobre las ventas y obligan a numerosas empresas a reducir sus niveles de producción.
A esto se suma el incremento de la competencia de productos importados. En sectores como los electrodomésticos, la electrónica y la maquinaria agrícola se observa una menor fabricación local frente a una mayor presencia de productos provenientes del exterior.
La situación también golpea con fuerza a la industria textil. Según un relevamiento de la Federación de Industrias Textiles Argentinas (FITA), desde noviembre de 2023 se perdieron 26.851 empleos formales y cerraron alrededor de 750 establecimientos.
La entidad advirtió además sobre un cambio en la composición del comercio exterior: mientras disminuyen las importaciones de materias primas, hilados y tejidos, aumentan las compras de prendas terminadas.
El deterioro de la actividad se combina con un escenario financiero cada vez más complejo para las empresas industriales.
Un informe de la Unión Industrial Argentina (UIA) señaló que el 47,6% de las empresas tuvo dificultades durante julio para afrontar completamente al menos uno de sus compromisos, entre ellos salarios, proveedores, créditos, servicios públicos e impuestos.
Además, el 9,2% de las firmas registró atrasos en todos esos pagos simultáneamente, el nivel más elevado desde que existen registros.
Frente a esta situación, el 56,2% de las empresas afectadas debió recurrir a financiamiento de corto plazo o incrementar su endeudamiento, mientras que el 53,2% enfrentó mayores intereses y costos financieros.
La mora de más de 90 días en los créditos de las empresas industriales también se incrementó de manera significativa: pasó del 0,7% al 3,8% en el último año y medio.
El deterioro de la industria nacional adquiere particular relevancia para Tierra del Fuego, donde una parte importante de la actividad económica depende del entramado industrial y del régimen de promoción.
La caída de la demanda interna, la competencia de productos importados y los cambios en las condiciones de producción representan un desafío adicional para las fábricas radicadas en la provincia, especialmente en sectores vinculados a la electrónica y los electrodomésticos.
En este contexto, la reducción de los niveles de producción y el deterioro del empleo industrial vuelven a poner en el centro del debate el futuro del entramado productivo fueguino y la necesidad de sostener niveles de actividad que permitan preservar puestos de trabajo.
El escenario nacional muestra, así, una industria que continúa operando bajo presión: menos consumo, mayor competencia externa, aumento del endeudamiento y dificultades para afrontar los costos cotidianos.
La consultora Industria y Desarrollo (I+D) sintetizó el cuadro con una advertencia sobre el impacto de la crisis en las pequeñas y medianas empresas: sin una recuperación de la industria, el crecimiento económico puede avanzar sin traducirse en empleo de calidad y actividad sostenida en las economías regionales.