Cada 23 de septiembre se conmemora en Argentina el Día Nacional de los Derechos Políticos de la Mujer, más conocido como Día del Voto Femenino. La fecha recuerda la promulgación de la Ley 13.010, la norma que en 1947 reconoció el derecho de las mujeres a votar y a ser elegidas en igualdad de condiciones con los varones. Pero entre esa conquista legal y la primera vez que las argentinas pudieron ejercer el derecho pasaron cuatro años.
Aunque suele asociarse la efeméride con un único día, el proceso legislativo tuvo dos momentos. La ley fue sancionada el 9 de septiembre de 1947 por la Cámara de Diputados -el Senado le había dado media sanción el año anterior- y promulgada el 23 de septiembre. Por esa última fecha se estableció la conmemoración, instituida oficialmente en 1997 a través de la Ley 24.785.
El texto de la norma era breve pero contundente. En su artículo primero determinaba que "las mujeres argentinas tendrán los mismos derechos políticos y estarán sujetas a las mismas obligaciones que les acuerdan o imponen las leyes a los varones argentinos". Con esa fórmula, el país dejaba atrás el régimen electoral vigente desde la Ley Sáenz Peña de 1912, que había establecido el voto secreto y obligatorio, pero solo para los hombres.

El derecho reconocido no se limitaba a votar: también habilitaba a las mujeres a ser elegidas y a ocupar cargos públicos, lo que abrió la puerta a las primeras candidaturas femeninas en el país.
Si bien la sanción de la ley llegó durante la primera presidencia de Juan Domingo Perón y tuvo en Eva Perón a su principal impulsora, el reclamo por el sufragio femenino tenía raíces mucho más profundas. Desde comienzos del siglo XX, diversas referentes habían encabezado esa pelea desde distintos espacios políticos.
Entre ellas se destacó Julieta Lanteri, que en 1911 logró convertirse en la primera mujer en votar en América Latina tras conseguir un amparo judicial. A la lucha se sumaron figuras como Alicia Moreau de Justo, Elvira Rawson y Cecilia Grierson, entre otras pioneras del movimiento sufragista y feminista. En 1907 se había creado el "Comité Pro-Sufragio Femenino", y entre 1919 y 1942 se presentaron más de una docena de proyectos que buscaron, sin éxito, consagrar ese derecho.
Recién el 11 de noviembre de 1951 las argentinas pudieron acudir a las urnas por primera vez, en las elecciones presidenciales de ese año. Fue una jornada masiva: de los más de cuatro millones de mujeres empadronadas, alrededor del 90% se acercó a votar, una participación altísima para una primera experiencia electoral.
Ese día, el país se encontró con imágenes inéditas. En muchas escuelas, las mesas se organizaron con filas separadas para hombres y mujeres, y las votantes debieron presentar por primera vez la libreta cívica, el nuevo documento que acreditaba su condición de ciudadanas y que hasta entonces no existía. Para la enorme mayoría, era la primera vez que participaban de un acto electoral.
Uno de los momentos más recordados de esa elección tuvo como protagonista a la propia Eva Perón, que para entonces ya atravesaba un delicado estado de salud. Evita votó desde una cama del hospital, pocos días después de haber sido operada, en lo que se convirtió en una de las postales más simbólicas de aquella jornada. Moriría menos de un año después.
Los comicios, además, tuvieron un resultado histórico en materia de representación: por primera vez fueron electas mujeres para ocupar bancas en el Congreso nacional, lo que dio origen a la primera camada de legisladoras de la historia argentina.
La conquista transformó de raíz el mapa electoral. La incorporación de las mujeres al padrón sumó millones de nuevas votantes y prácticamente equiparó la cantidad de electoras y electores. Si en las elecciones de 1946 había poco más de tres millones de personas habilitadas para votar, en 1951 esa cifra trepó a más de ocho millones.
Con el paso de las décadas, el 23 de septiembre se consolidó como una jornada dedicada a recordar aquella conquista y a poner en agenda la participación política de las mujeres, un proceso que -como muestra la propia historia de la ley- fue el resultado de años de reclamos sostenidos por múltiples generaciones.