15/10/2026 - Edición Nº609

Provinciales

Reflexión sobre la Argentina y la responsabilidad pública

14/10/2026 21:16 | En una reflexión sobre la realidad argentina y el futuro de Tierra del Fuego, Mariano Viaña planteó la necesidad de fortalecer la honestidad y la idoneidad en la función pública, combatir la corrupción y exigir que quienes administran los recursos del Estado rindan cuentas por sus actos. Además, remarcó que la responsabilidad ciudadana no termina en las urnas y que la educación, la salud, la seguridad y el trabajo deben ser prioridades para construir un país con más oportunidades y dignidad para todos.



Hoy, leyendo en mi teléfono, encontré una reflexión que creo puede ser de Quino y que circula atribuida a Mafalda. Su idea central es que la Argentina no carece de recursos, sino que ha sido empobrecida por la corrupción, el oportunismo y el olvido. Sin afirmar su autoría, lo verdaderamente importante para mí es su contenido y la reflexión sincera que nos invita a realizar.

Tener un país con recursos no garantiza que sus habitantes puedan vivir dignamente. Para transformar esa riqueza en bienestar hacen falta educación, trabajo, inversión y una administración honesta y capaz, acompañada por una justicia que haga cumplir la ley.

La corrupción perjudica mucho más que las cuentas públicas. Cada recurso desviado representa una necesidad que queda sin atender. Destruye la confianza, desalienta a quienes trabajan honestamente y les quita oportunidades a las generaciones siguientes. También empobrecen la incompetencia, el despilfarro y las decisiones que sacrifican el futuro para obtener una ventaja inmediata.

Debemos distinguir responsabilidades y reconocer a las personas honestas que existen en la política, la justicia, los sindicatos, las comunidades religiosas y en toda nuestra sociedad. Esa misma honestidad exige que cada uno responda por sus actos, cualquiera sea su cargo, su pertenencia o su influencia. Nadie debe estar por encima de la ley.

La referencia al olvido también nos interpela como ciudadanos. Nuestra responsabilidad no termina al votar. Debemos recordar lo prometido, examinar lo realizado y controlar a quienes administran lo que pertenece a todos. El Estado comprende a todos sus poderes y organismos; la obligación de rendir cuentas alcanza tanto a quienes elegimos directamente como a quienes acceden a sus funciones por designación.

No corresponde igualar la responsabilidad de quien ejerce el poder con la del ciudadano que sufre sus consecuencias. Pero tampoco debemos renunciar a nuestro derecho de reclamar, participar y exigir explicaciones. La resignación y la costumbre de justificar a los propios debilitan el control que toda democracia necesita.

Esta reflexión también nos alcanza en Tierra del Fuego. Tenemos que preguntarnos cómo administramos nuestros recursos, qué resultados obtenemos y qué oportunidades estamos preparando para quienes vienen detrás. La educación, la salud, la seguridad y el trabajo deben orientar las decisiones públicas, con funciones claras y sin superposiciones que consuman recursos sin mejorar los servicios.

A esta altura de mi vida sigo creyendo que podemos cambiar el rumbo. Para hacerlo necesitamos honestidad e idoneidad en la función pública, memoria para aprender de nuestros errores ysolidaridad para no dejar atrás a quienes más necesitan. La indignación debe traducirse enparticipación y en una exigencia constante de resultados.

La riqueza de un país debe expresarse en la dignidad de la vida de su gente. Recuperar la confianzaexige hechos y el compromiso de cuidar lo que es de todos.