16/10/2026 - Edición Nº610

Provinciales

TIERRA DEL FUEGO

Alertan por los perros asilvestrados: Atacan al ganado y ponen en jaque al campo patagónico

11:54 | El periodista Pablo Carlezzo describió en diálogo con FM del Pueblo el impacto de los perros asilvestrados sobre la producción rural de Tierra del Fuego y Santa Cruz. Relató pérdidas de animales, advirtió sobre el avance de otras especies silvestres y destacó los sistemas de control que observó en Australia. Además, consideró necesario avanzar con una legislación que permita actuar frente a una problemática que afecta al sector productivo.


por Redacción Del Pueblo


La problemática de los perros asilvestrados continúa generando preocupación entre los productores rurales de la Patagonia, especialmente en las zonas donde la actividad ovina representa una fuente histórica de trabajo, ingresos y desarrollo territorial. Los ataques al ganado, la dificultad para proteger los establecimientos y la falta de herramientas legales claras para intervenir forman parte de una situación que afecta tanto a Santa Cruz como a Tierra del Fuego.

En diálogo con FM del Pueblo, durante una entrevista con Rulo Quiroga, el periodista Pablo Carlezzo aportó una mirada basada en sus recorridas por campos de la región y en las experiencias que conoció durante sus viajes al exterior. El comunicador, que trabaja para Canal Rural y otros medios, planteó que es necesario distinguir claramente entre un perro doméstico y un animal que vive en estado asilvestrado, se alimenta por sus propios medios y desarrolla comportamientos de caza.

“Hay que remarcar bien que no es el perro de la ciudad. Es totalmente diferente, es otra cosa, no es el perro que uno tiene como mascota en la casa”, explicó.

La distinción no es menor, porque, según describió, los perros asilvestrados pueden organizar sus ataques, desplazarse por grandes extensiones y acercarse a los animales de producción sin que los trabajadores rurales adviertan inmediatamente su presencia. En ese escenario, las herramientas habituales que pueden utilizarse frente a un perro doméstico no necesariamente resultan efectivas.

Carlezzo sostuvo que, una vez que estos animales desarrollan conductas propias de la vida salvaje, la situación se vuelve mucho más compleja. Incluso comparó su comportamiento con el de los lobos para transmitir la dificultad que representa enfrentarlos en el campo.

“No es el perro que uno puede tener como mascota. Es casi complicado enfrentarte a ese tipo de animales”, afirmó durante la entrevista.

 

Ataques que destruyen años de trabajo en el campo

 

Uno de los momentos más significativos de la conversación fue cuando Carlezzo relató una experiencia personal vinculada con la pérdida de animales que había adquirido para mejorar la calidad genética de su producción ovina.

El periodista contó que, junto con un amigo, había incorporado ejemplares con el objetivo de realizar cruzamientos y mejorar la lana. Se trataba de una inversión que buscaba fortalecer las características productivas del ganado y mejorar los resultados de la actividad.

Sin embargo, los animales terminaron siendo atacados por perros asilvestrados.

“Me las mataron los perros”, relató al recordar lo sucedido.

Carlezzo describió la impotencia que genera encontrar un animal gravemente herido o muerto después de un ataque. Según explicó, en algunos casos los perros no consumen completamente a la presa, sino que la lastiman de tal manera que termina muriendo como consecuencia de las lesiones.

“Te da mucha lástima ver al animal abierto de punta a punta, porque tampoco se lo comen”, expresó.

Su testimonio permitió poner en perspectiva una situación que, para los productores, no se limita al valor económico de cada oveja perdida. Detrás de cada animal puede existir una inversión en genética, alimentación, sanidad, infraestructura y trabajo, además del tiempo necesario para mejorar las características de un plantel.

En una actividad donde la rentabilidad depende de numerosos factores, la pérdida de ejemplares reproductivos puede afectar los resultados de varias temporadas. Cuando los ataques se repiten, también aumenta la incertidumbre sobre la posibilidad de sostener la producción y recuperar el capital invertido.

El periodista recordó que el objetivo de incorporar aquellos animales había sido mejorar la calidad de la lana mediante cruzamientos, pero que los ataques terminaron frustrando parte de ese trabajo.

La experiencia personal que compartió con Rulo Quiroga reflejó el costado humano de una problemática que muchas veces se expresa únicamente en cifras de pérdidas o en discusiones sobre métodos de control.

 

Un comportamiento que dificulta la prevención

 

Durante la entrevista, Carlezzo hizo especial hincapié en el comportamiento de los perros asilvestrados y en la dificultad que representa detectar sus movimientos antes de que se produzca un ataque.

Explicó que, a diferencia de un perro que se acerca de manera visible y permite anticipar una posible reacción, estos animales pueden desplazarse de forma silenciosa y aparecer a muy corta distancia.

“Un perro cuando te encara, vos lo estás viendo y te estás preparando para enfrentarlo. Pero estos tipos no: los tenés a dos metros y no te diste cuenta”, describió.

La observación resulta especialmente relevante para quienes trabajan en establecimientos extensos, donde las distancias, las condiciones climáticas y las características del terreno dificultan la vigilancia permanente.

Los trabajadores rurales deben atender numerosas tareas cotidianas y no siempre pueden recorrer cada sector del campo. Por eso, la detección temprana de los animales y la prevención de los ataques representan desafíos adicionales.

Carlezzo también señaló que los perros asilvestrados pueden constituir un riesgo para las personas, particularmente cuando se encuentran con quienes trabajan en zonas alejadas o deben desplazarse a pie por sectores donde hay ganado.

El planteo no implica que todos los perros que viven sueltos tengan el mismo comportamiento, sino que busca advertir sobre las características particulares de los animales que sobreviven sin dependencia de las personas y desarrollan conductas de caza.

En ese sentido, el periodista consideró que el primer paso para discutir posibles soluciones es reconocer la naturaleza específica del problema y evitar tratar a los perros asilvestrados como si fueran simplemente animales domésticos extraviados.

 

Australia y un sistema de vigilancia sobre miles de kilómetros

 

Al ser consultado por las alternativas que existen para enfrentar esta situación, Carlezzo recordó un viaje a Australia, donde observó mecanismos destinados a proteger las áreas productivas frente a animales que pueden atacar al ganado.

Uno de los ejemplos que mencionó fue el alambrado conocido como Dingo Fence, una extensa barrera construida para limitar el desplazamiento de dingos hacia zonas de producción ganadera. Este tipo de infraestructura forma parte de una estrategia de manejo que combina barreras físicas, vigilancia y otras medidas de control.

Carlezzo describió un sistema de protección que, según su relato, se extiende por miles de kilómetros y cuenta con personal que recorre distintos sectores para detectar posibles ingresos de animales.

También mencionó la presencia de camionetas y equipos de vigilancia distribuidos a lo largo de determinados tramos, con el objetivo de evitar que los animales alcancen zonas donde puedan provocar daños a la producción.

“En Australia hay alambrado, un alambrado perimetral que cruza una parte importante del país”, señaló.

Para el periodista, el aspecto central de esa experiencia es que el control no queda librado exclusivamente a la iniciativa individual de cada productor, sino que forma parte de un sistema organizado.

“Australia hace mucho control, el Estado controla”, resumió.

La comparación permite introducir una discusión sobre el papel que pueden desempeñar las políticas públicas en territorios extensos, donde las características geográficas y la distancia entre establecimientos dificultan las respuestas individuales.

No obstante, la aplicación de un modelo similar en la Patagonia requeriría evaluar las particularidades ambientales, productivas y legales de la región, así como las especies involucradas y las características de cada establecimiento.

Carlezzo también hizo referencia al manejo de la fauna australiana y a los mecanismos utilizados para regular las poblaciones de canguros en función de evaluaciones sobre la disponibilidad de pasturas y las condiciones productivas.

Su relato apuntó a destacar que, en los países donde observó estos sistemas, la administración de los recursos naturales y el control de las especies se abordan mediante procedimientos organizados, aunque las medidas concretas varían según el animal y el lugar.

 

Microchips, multas y responsabilidad de los propietarios

 

Otro aspecto que llamó la atención del periodista durante su experiencia en Australia fue el sistema de identificación de perros domésticos y las sanciones aplicadas a los propietarios que incumplen las normas.

Según contó, los animales cuentan con microchips que permiten identificar a sus responsables cuando son encontrados en la vía pública. A partir de esa identificación, las autoridades pueden determinar quién es el propietario y aplicar las sanciones correspondientes.

Carlezzo relató que le había sorprendido el monto de las multas y explicó que, según lo que conoció, las consecuencias económicas pueden ser elevadas.

“La primera vez se te puede escapar, pero ahí es donde te cobran la multa”, señaló al describir el funcionamiento que observó.

También sostuvo que las reincidencias reciben un tratamiento mucho más estricto. Sin embargo, durante la entrevista no precisó la normativa australiana específica ni las condiciones exactas de aplicación de las sanciones que mencionó.

El ejemplo permitió introducir una cuestión importante para las ciudades de Tierra del Fuego: la responsabilidad de los propietarios sobre los animales que tienen a su cargo y la necesidad de evitar que los perros domésticos circulen sin supervisión.

El control de los perros asilvestrados y la tenencia responsable son problemas relacionados, pero no idénticos. Mientras la identificación y las sanciones pueden ayudar a prevenir el abandono y la circulación sin control de animales domésticos, los perros que ya viven en estado asilvestrado requieren estrategias específicas de detección, manejo y prevención.

Por eso, el planteo de Carlezzo apunta a la necesidad de establecer medidas diferenciadas, que contemplen tanto las obligaciones de los propietarios como las dificultades que enfrentan los productores ante los animales que se desplazan por zonas rurales.

 

Chile abrió un nuevo capítulo en la discusión

 

La entrevista también estuvo atravesada por una noticia reciente procedente de Chile. Carlezzo se refirió a la aprobación, por 10 votos contra 2 en una comisión de la Cámara de Diputados, de una iniciativa vinculada con la caza de perros asilvestrados.

La propuesta busca modificar la legislación chilena para habilitar la caza de estos animales y generó un debate sobre la forma de abordar los ataques a la fauna silvestre y al ganado.

El periodista consideró que la discusión legislativa refleja una preocupación compartida por distintos territorios de la Patagonia, donde la actividad agropecuaria enfrenta dificultades para proteger a los animales de producción.

Durante el diálogo con FM del Pueblo, Rulo Quiroga relacionó la iniciativa chilena con la búsqueda de posibles soluciones para Tierra del Fuego, donde también se registran preocupaciones por la presencia de perros asilvestrados en sectores rurales.

Carlezzo coincidió en que resulta necesario discutir las medidas posibles, pero insistió en que las decisiones deben adoptarse mediante procedimientos institucionales y una legislación clara.

“Se tienen que sentar los concejales, los diputados, los senadores, no sé quién, para que hagan bien las cosas”, sostuvo.

La referencia a Chile vuelve a poner sobre la mesa la necesidad de diferenciar entre una decisión adoptada en una comisión legislativa y una ley definitivamente sancionada y vigente. La aprobación mencionada durante la entrevista corresponde a una instancia del trámite parlamentario, por lo que no debe interpretarse por sí sola como la entrada en vigor de una autorización general para cazar perros asilvestrados.

De todos modos, el debate constituye un antecedente relevante para analizar cómo otros países enfrentan un problema que también afecta a productores argentinos.

 

El vacío legal y el temor a actuar

 

Uno de los puntos más delicados de la conversación fue la situación de los productores que se encuentran frente a animales que atacan sus majadas y no cuentan con herramientas legales suficientemente claras para intervenir.

Carlezzo sostuvo que, en determinadas circunstancias, las personas que intentan proteger sus animales pueden exponerse a consecuencias judiciales si utilizan métodos prohibidos o actúan sin autorización.

“No tienen opciones porque no está reglamentado, no hay nada legal, entonces todo lo que vos hagas va en contra tuyo”, expresó al describir las dificultades que, según su visión, enfrenta el sector.

También advirtió sobre los riesgos de recurrir a métodos como el uso de veneno, que pueden provocar daños a otras especies y generar consecuencias ambientales.

La cuestión requiere distinguir entre la necesidad de proteger al ganado y la legalidad de las acciones utilizadas para hacerlo. La existencia de ataques no habilita automáticamente cualquier método de control, por lo que las autoridades deben definir procedimientos compatibles con las normas de protección de la fauna, la seguridad pública y el bienestar animal.

Para Carlezzo, la solución pasa por discutir el problema y avanzar en la reglamentación de las medidas que puedan aplicarse.

“Está bueno que se vayan reglamentando. Vayamos por la ley”, planteó.

El reclamo apunta a que los productores cuenten con pautas concretas sobre cómo proceder, qué organismos deben intervenir y qué medidas están autorizadas para prevenir nuevos ataques.

También abre la discusión sobre la necesidad de contar con sistemas de denuncia, registros de animales afectados, información sobre la presencia de jaurías y protocolos de actuación para las autoridades competentes.

 

Guanacos, pumas y jabalíes: otros desafíos para la producción

 

Carlezzo advirtió que los perros asilvestrados no son el único factor que genera dificultades para los productores patagónicos. Durante la entrevista mencionó la competencia por los recursos naturales que representa la población de guanacos, los ataques de pumas y la expansión de los jabalíes hacia zonas donde anteriormente no eran habituales.

Sobre los guanacos, aclaró que no se trata de una especie que ataque directamente a las ovejas, sino que puede competir por el agua y las pasturas disponibles.

En regiones donde la producción depende de los pastizales naturales, la disponibilidad de alimento es un elemento determinante para sostener los planteles. Por eso, la presencia de grandes poblaciones de herbívoros puede generar discusiones sobre el manejo de los recursos, la conservación de la fauna y las necesidades de la actividad ganadera.

El periodista señaló que, según su percepción, en sectores de Santa Cruz y Chubut existe una preocupación creciente por la cantidad de guanacos y por su presencia en zonas cercanas a establecimientos productivos.

Sin embargo, el manejo de esa especie requiere evaluaciones técnicas que permitan establecer su distribución, la disponibilidad de pasturas y los posibles impactos sobre los ecosistemas. La regulación debe contemplar tanto las necesidades productivas como la conservación de la fauna nativa.

 

La expansión del jabalí

 

Otro de los animales mencionados fue el jabalí, una especie que puede provocar importantes daños en el campo.

Carlezzo relató que durante sus recorridas había escuchado referencias a la presencia de ejemplares en zonas de Santa Cruz, incluso en sectores ubicados más al sur de áreas donde históricamente se concentraban sus registros.

El periodista advirtió sobre las consecuencias que puede tener para los productores la pérdida de corderos por ataques de estos animales.

Según explicó, el jabalí puede consumir completamente una cría, lo que dificulta determinar qué ocurrió cuando el productor advierte que una oveja no tiene su cordero.

“Te come el cordero completo, con lana y todo”, afirmó.

La consecuencia, además de la pérdida económica inmediata, es la incertidumbre que se genera sobre la capacidad reproductiva de la majada. El productor puede interpretar que una oveja no tuvo cría o que perdió al animal por otras causas, cuando en realidad podría haber existido un ataque.

Carlezzo señaló que estas situaciones obligan a revisar los resultados productivos y pueden conducir a decisiones equivocadas sobre la permanencia de determinados ejemplares en el establecimiento.

El avance del jabalí, al igual que el problema de los perros asilvestrados, vuelve a poner en discusión la necesidad de contar con información actualizada sobre las especies que afectan la actividad rural y con estrategias de manejo adaptadas a cada territorio.

 

El puma y los establecimientos cercanos a parques nacionales

 

Al referirse a las pérdidas registradas en sectores próximos a San Julián, Carlezzo aclaró que, en algunas de esas áreas, la principal preocupación de los productores está vinculada con el puma.

Según explicó, los ataques de este felino afectan a establecimientos rurales ubicados cerca de áreas protegidas y generan dificultades para quienes deben resguardar sus animales.

El periodista sostuvo que los animales silvestres se desplazan sin reconocer los límites administrativos de un parque nacional y pueden ingresar a establecimientos privados en busca de alimento.

“El puma no sabe si el alambrado está dentro del parque o fuera del parque. El puma va”, expresó.

La observación refleja una de las dificultades de la convivencia entre la actividad ganadera y la fauna silvestre: los límites establecidos por las personas no necesariamente coinciden con las áreas de movimiento de los animales.

En estos casos, las respuestas deben considerar la conservación de las especies nativas y, al mismo tiempo, las necesidades de los productores que sufren pérdidas.

Carlezzo sostuvo que los vecinos de áreas protegidas también se ven afectados por esta situación y que resulta necesario discutir mecanismos que permitan prevenir los ataques sin trasladar toda la responsabilidad a quienes trabajan en el campo.

El planteo forma parte de un debate más amplio sobre la convivencia entre producción y conservación, que requiere la participación de autoridades ambientales, organismos de producción, especialistas y representantes del sector rural.

 

Más de 400 estancias abandonadas en Santa Cruz

 

Uno de los datos más impactantes aportados por Carlezzo durante la entrevista fue su referencia a la cantidad de establecimientos rurales que, según afirmó, se encuentran abandonados en Santa Cruz.

“Tenés más de 400 estancias abandonadas”, sostuvo.

El periodista describió una extensa franja territorial situada al norte y al sur de San Julián, con establecimientos que ya no mantienen la actividad que tuvieron en otras épocas.

La situación, explicó, no se resuelve simplemente entregando o recuperando una estancia. Para volver a poner en marcha un establecimiento se necesita capital para reparar alambrados, garantizar el acceso al agua, recuperar instalaciones y afrontar los costos iniciales de la producción.

El abandono de los campos también está relacionado con dificultades económicas, falta de infraestructura, condiciones ambientales y cambios en la rentabilidad de las actividades rurales. Por eso, no puede atribuirse exclusivamente a los ataques de animales.

Sin embargo, Carlezzo planteó que la acumulación de problemas productivos puede profundizar el desaliento de quienes intentan sostener una actividad ganadera en condiciones cada vez más complejas.

La pérdida de establecimientos en funcionamiento tiene consecuencias que exceden a sus propietarios. Cada campo activo genera demanda de mano de obra, servicios, transporte, insumos y otros recursos que forman parte de la economía regional.

Cuando una estancia deja de producir, también puede disminuir la presencia de trabajadores y familias en zonas alejadas de las ciudades, con efectos sobre la ocupación territorial y la actividad económica.

En una provincia como Santa Cruz, donde existen grandes extensiones rurales, la recuperación de los establecimientos requiere inversiones, planificación y condiciones que permitan sostener la producción a largo plazo.

 

La conectividad cambió la vida en el campo

 

En contraste con las dificultades que enfrenta la actividad rural, Carlezzo destacó una transformación que considera positiva: la mejora de la conectividad en distintos sectores de la Patagonia.

Recordó que durante muchos años la falta de comunicación representó uno de los principales problemas para quienes vivían o trabajaban en establecimientos alejados de los centros urbanos.

Sin embargo, señaló que hoy es posible acceder a internet desde vehículos y campos donde antes resultaba mucho más difícil mantenerse conectado.

“Hoy estoy conectado, voy con la camioneta, tengo internet continuamente”, relató.

La conectividad permite mejorar las comunicaciones, acceder a información meteorológica, coordinar tareas y mantener el contacto con proveedores, trabajadores y familiares. También facilita la difusión de alertas y el pedido de asistencia ante emergencias.

Para el periodista, este cambio modificó de manera significativa las condiciones de trabajo en el ámbito rural, aunque no resuelve por sí mismo los problemas relacionados con los costos, la infraestructura, los ataques de animales o la rentabilidad.

La tecnología puede contribuir a mejorar la vigilancia y la comunicación entre establecimientos, pero necesita complementarse con medidas concretas de prevención, información y asistencia.

 

Arequipa, Perú: otra experiencia que llamó su atención

 

Durante la conversación, Carlezzo compartió también una observación que realizó durante dos viajes a Perú, particularmente en la ciudad de Arequipa.

El periodista contó que le llamó la atención la escasa presencia de perros en las calles del casco histórico, una zona con una intensa actividad turística y numerosos establecimientos gastronómicos.

Según relató, al consultar a personas del lugar sobre esa situación, recibió como respuesta que las autoridades buscaban proteger al turismo.

“Me dijeron: ‘Tenemos que cuidar al turista’”, recordó.

Carlezzo reconoció que no obtuvo información detallada sobre los mecanismos que se aplicaban para controlar la presencia de animales, pero señaló que la experiencia le resultó llamativa porque estaba acostumbrado a encontrar perros en las calles de distintas ciudades.

La referencia abrió una reflexión sobre la importancia que pueden adquirir las políticas de control en lugares donde la actividad turística tiene un peso económico significativo.

Sin embargo, la experiencia relatada no permite establecer qué medidas específicas se aplican en Arequipa ni si pueden trasladarse directamente a la realidad patagónica. Los problemas de los perros urbanos y de los perros asilvestrados requieren abordajes diferentes, aunque ambos pueden relacionarse con la responsabilidad de los propietarios, la gestión pública y la prevención.

 

Un caso en Tierra del Fuego: el alambrado de la estancia José Menéndez

 

La problemática tiene también ejemplos concretos en Tierra del Fuego. Durante la entrevista, Carlezzo mencionó el caso de la estancia José Menéndez, donde, según relató, se instaló un alambrado de tipo gallinero para impedir el ingreso de perros asilvestrados.

El periodista explicó que se trata de una protección extendida a lo largo de un sector importante del establecimiento y que, de acuerdo con los datos que mencionó, los registros de aparición de animales afectados habrían pasado de aproximadamente el 34% al 72%.

Carlezzo interpretó ese incremento como una señal de que los ataques de perros podrían estar provocando pérdidas importantes. Sin embargo, durante la entrevista no se especificó qué animales se contabilizaron, cuál fue el período evaluado ni cómo se calcularon esos porcentajes.

Por esa razón, las cifras requieren una verificación adicional antes de establecer conclusiones definitivas sobre la efectividad del alambrado o sobre la magnitud de los ataques.

De todos modos, el ejemplo muestra las dificultades que pueden enfrentar los establecimientos rurales cuando deben invertir en infraestructura para proteger al ganado y, aun así, necesitan evaluar permanentemente la eficacia de las medidas adoptadas.

La instalación de cercos, el mantenimiento de los alambrados y la vigilancia de los perímetros implican costos que se suman a los gastos habituales de producción.

Para los productores, el desafío consiste en encontrar mecanismos que permitan reducir las pérdidas sin comprometer la viabilidad económica de los establecimientos.

 

La producción bovina tampoco queda al margen

 

Durante el intercambio con Rulo Quiroga, también se abordó la posibilidad de reemplazar progresivamente la producción ovina por la bovina en algunos establecimientos.

El conductor señaló que en Tierra del Fuego se habían producido procesos de reconversión hacia la cría de vacunos, pero planteó que esa alternativa tampoco elimina necesariamente el riesgo de los ataques.

Carlezzo coincidió en que los perros asilvestrados pueden atacar animales de mayor tamaño y que la disponibilidad de alimento influye en su comportamiento.

Explicó que una vaca puede defenderse con patadas o enfrentar al atacante, mientras que las ovejas presentan otras condiciones de vulnerabilidad. También mencionó que los guanacos cuentan con mayor velocidad para escapar, aunque los ejemplares jóvenes pueden quedar expuestos.

En ese sentido, la reconversión productiva no constituye por sí sola una respuesta definitiva. Cada actividad presenta requerimientos específicos, inversiones diferentes y riesgos que deben evaluarse en función de las características del campo.

La producción ovina, además, tiene un peso histórico y cultural importante en la Patagonia. Su reemplazo puede implicar cambios en la organización del trabajo, en la infraestructura y en los mercados a los que se orienta cada establecimiento.

Por eso, las medidas de prevención y control de los animales que provocan daños resultan relevantes para sostener distintas modalidades de producción, sin asumir que una actividad está completamente protegida por el simple hecho de reemplazar una especie ganadera por otra.

 

Un problema que exige coordinación entre provincias y municipios

 

A lo largo de la entrevista, Carlezzo insistió en que las respuestas no pueden quedar limitadas a iniciativas individuales de los productores.

La extensión de la Patagonia, las características de sus establecimientos y el desplazamiento de los animales entre diferentes sectores hacen necesario coordinar acciones entre autoridades municipales, provinciales y organismos nacionales competentes.

En Tierra del Fuego, la problemática involucra tanto las áreas rurales como los sectores cercanos a las ciudades, donde la presencia de perros sueltos puede plantear dificultades de seguridad, bienestar animal y protección de la fauna.

En el ámbito rural, en cambio, las medidas deben contemplar la prevención de ataques al ganado, la identificación de los animales cuando sea posible y los procedimientos legales para intervenir frente a ejemplares que representan un riesgo.

Carlezzo sostuvo que la discusión debe darse sin confrontaciones estériles y con el objetivo de alcanzar normas que puedan aplicarse efectivamente.

Su planteo apunta a que las autoridades escuchen a los productores, analicen experiencias internacionales y establezcan mecanismos de actuación que permitan prevenir pérdidas y responder de manera adecuada cuando se producen ataques.

La experiencia australiana que relató, el debate abierto en Chile y los casos que mencionó en Tierra del Fuego constituyen referencias para una discusión que requiere información verificable y una evaluación cuidadosa de las alternativas disponibles.

 

La necesidad de contar con datos y protocolos claros

 

Para avanzar en una solución, una de las tareas fundamentales es reunir información sobre la cantidad de ataques, las zonas más afectadas, las pérdidas de animales y la evolución de la presencia de perros asilvestrados.

Sin registros consistentes, resulta difícil determinar qué medidas preventivas funcionan mejor, cuáles son los sectores que requieren mayor atención y qué recursos deben destinarse a cada intervención.

También es necesario diferenciar los ataques atribuidos a perros asilvestrados de aquellos provocados por otros animales, ya que cada situación puede requerir una respuesta distinta.

La elaboración de protocolos permitiría establecer cómo deben denunciarse los casos, qué organismos tienen que intervenir, qué métodos de control están permitidos y de qué manera se protegen tanto a las personas como a los animales.

En paralelo, la tenencia responsable de mascotas y la prevención del abandono pueden contribuir a evitar que nuevos perros terminen viviendo sin supervisión y desarrollen conductas que generen riesgos.

La discusión sobre los animales asilvestrados no debe perder de vista que las soluciones requieren combinar prevención, responsabilidad, control y cumplimiento de las normas.

 

“Vayamos por la ley”: el reclamo de Carlezzo

 

Hacia el final de la entrevista, el periodista volvió sobre la necesidad de que las autoridades transformen las discusiones en decisiones concretas.

Carlezzo consideró que el debate legislativo chileno puede servir como referencia para analizar las herramientas que podrían implementarse en la Argentina, aunque sostuvo que las medidas deben adaptarse a la realidad local y contar con respaldo normativo.

“Vayamos por la ley. Vamos a discutir, hablemos”, expresó durante el diálogo.

Su planteo apunta a que el sector productivo no quede atrapado entre las pérdidas provocadas por los animales y la incertidumbre sobre las medidas que puede adoptar legalmente para proteger su ganado.

La situación también exige evitar soluciones improvisadas que puedan generar consecuencias ambientales, afectar a especies que no son responsables de los ataques o poner en riesgo a personas y animales domésticos.

La definición de políticas de control debe contemplar la seguridad pública, la producción, la conservación de la fauna y el bienestar animal, con criterios técnicos y responsabilidades institucionales claras.

El problema de los perros asilvestrados, en definitiva, excede el conflicto entre animales y ganado. Se vincula con la continuidad de la producción ovina, la inversión rural, el empleo, la ocupación territorial y las posibilidades de sostener establecimientos en una región marcada por grandes distancias y condiciones ambientales exigentes.

La advertencia de Pablo Carlezzo en FM del Pueblo vuelve a poner en primer plano una preocupación que atraviesa a la Patagonia y que requiere respuestas coordinadas. Para Tierra del Fuego, el desafío será convertir los reclamos de los productores en políticas concretas, con información verificable, prevención y mecanismos de intervención adecuados a la realidad provincial.

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