21/10/2026 - Edición Nº615

Provinciales

TIERRA DEL FUEGO

Federico Ponce: "Si la temperatura sigue en crecimiento, los glaciares podrían desaparecer este siglo"

09:46 | El geólogo Federico Ponce, investigador del CADIC-CONICET y docente de la UNTDF, advirtió en diálogo con FM del Pueblo que los glaciares de Tierra del Fuego perdieron cerca de la mitad de su superficie en los últimos 25 años. El invierno con menor acumulación de nieve en al menos cuatro décadas y las temperaturas inusualmente elevadas aceleran el deshielo. Además, alertó que, si continúa la tendencia actual de calentamiento global, muchos glaciares fueguinos podrían desaparecer antes de finalizar el siglo.


por Redacción Del Pueblo


El inusual calor registrado durante los últimos días en Ushuaia volvió a poner en discusión los efectos del cambio climático en Tierra del Fuego. Las temperaturas elevadas para esta época del año, sumadas a un invierno con una acumulación de nieve excepcionalmente baja, generan preocupación por sus consecuencias sobre los ecosistemas de montaña y, particularmente, sobre los glaciares de la región.

En diálogo con FM del Pueblo, el geólogo Federico Ponce, investigador del CADIC-CONICET y docente de la Universidad Nacional de Tierra del Fuego (UNTDF), explicó que la seguidilla de jornadas con cielos despejados y temperaturas relativamente altas constituye un comportamiento atípico para el clima fueguino. Aunque el fenómeno no provocó situaciones de emergencia vinculadas con el derretimiento de nieve, sus consecuencias sobre las reservas de hielo podrían ser significativas.

Ponce señaló que la influencia de los fenómenos climáticos El Niño y La Niña en Tierra del Fuego no es tan directa como en otras regiones de la Argentina. Mientras que en el litoral se esperan efectos más evidentes sobre las precipitaciones, en el extremo sur intervienen también otros sistemas climáticos vinculados con la Antártida y la circulación atmosférica regional.

Por ese motivo, el investigador aclaró que no es posible atribuir directamente las temperaturas registradas en Ushuaia a El Niño. Sin embargo, advirtió que el calentamiento sostenido de las últimas décadas constituye una tendencia preocupante para el ambiente fueguino.

 

Un invierno con muy poca nieve y una primavera inusualmente cálida

 

Uno de los factores que explicó el especialista es la escasa acumulación de nieve durante el último invierno. Según indicó, Tierra del Fuego atravesó el invierno con menor cantidad de nieve de, al menos, los últimos 40 años, una situación que modificó las condiciones habituales de las montañas.

Ponce explicó que las temperaturas elevadas durante la primavera pueden provocar el derretimiento acelerado de grandes cantidades de nieve. En determinadas circunstancias, ese proceso puede incrementar el caudal de los ríos, generar inundaciones o aumentar la cantidad de agua presente en los suelos, favoreciendo posibles deslizamientos en sectores montañosos.

En esta oportunidad, la escasa presencia de nieve redujo ese riesgo asociado al derretimiento. Sin embargo, la situación representa otro problema para los glaciares.

La nieve acumulada durante el invierno cumple una función fundamental: protege el hielo de la radiación solar y de las temperaturas primaverales. Además, una parte de esa nieve permanece durante el verano y, cuando se conserva hasta la siguiente temporada, contribuye a la alimentación y al crecimiento del glaciar.

“Los glaciares se alimentan de nieve”, explicó Ponce durante la entrevista. Al desaparecer rápidamente la poca nieve que se acumuló durante el invierno, los glaciares quedan expuestos a un período más prolongado de fusión del hielo.

De esta manera, la combinación de un invierno con escasas nevadas y una primavera cálida puede profundizar el balance negativo de los glaciares: pierden hielo sin recibir una cantidad suficiente de nieve para compensar esa pérdida.

 

El Martial y el Vinciguerra, entre los glaciares más afectados

 

Durante la entrevista, el investigador se refirió a la situación de los glaciares más conocidos de los alrededores de Ushuaia y destacó que el retroceso puede observarse en paisajes que forman parte de la identidad natural de la ciudad.

Uno de los casos mencionados fue el glaciar Martial, ubicado en las montañas próximas al centro urbano. Ponce señaló que su retroceso resulta evidente para los propios habitantes, que pueden observar los cambios en su extensión a lo largo de los años.

También hizo referencia al glaciar Vinciguerra, otro de los sitios emblemáticos de la región. Según los datos expuestos por el investigador, este glaciar perdió aproximadamente entre el 40% y el 45% de su superficie durante los últimos 20 a 25 años.

La situación no se limita a estos dos casos. Ponce indicó que, de acuerdo con los análisis realizados sobre los glaciares del sector argentino de los Andes fueguinos, la pérdida promedio de superficie durante los últimos 25 años se aproxima a la mitad.

El especialista explicó que muchos de estos glaciares son pequeños y se encuentran en sectores relativamente bajos de las montañas, donde las condiciones para conservar el hielo son más limitadas que en los grandes glaciares de la Patagonia.

A diferencia de los cuerpos de hielo ubicados en montañas de mayor altura, que pueden recibir más nieve y mantener temperaturas más bajas, los glaciares fueguinos tienen menos posibilidades de compensar las pérdidas acumuladas. Por esa razón, el calentamiento regional puede tener consecuencias especialmente importantes sobre ellos.

 

Advierten que muchos glaciares podrían desaparecer antes de fin de siglo

 

Consultado sobre las perspectivas para las próximas décadas, Ponce fue cauteloso, aunque advirtió sobre un escenario preocupante.

El geólogo explicó que las mediciones muestran un incremento sostenido de la temperatura media anual durante los últimos 10 a 20 años. Si esa tendencia continúa a un ritmo similar, muchos de los glaciares de Tierra del Fuego podrían desaparecer durante lo que resta del siglo XXI.

La proyección se apoya en las tasas de retroceso observadas y en las condiciones climáticas que afectan a estos cuerpos de hielo. El investigador aclaró que se trata de un escenario condicionado a la continuidad de las tendencias actuales, pero remarcó que los registros muestran una evolución desfavorable.

Como ejemplo, mencionó los datos de la estación meteorológica del CADIC, que funciona desde 1985. De acuerdo con sus mediciones, el primer semestre de 2026 fue el más cálido de toda la serie histórica de primeros semestres registrada por esa estación.

Además, las temperaturas elevadas observadas durante la primavera refuerzan la posibilidad de que el año se ubique entre los más cálidos del período analizado, aunque Ponce aclaró que todavía debe completarse el año para establecer una conclusión definitiva.

El especialista remarcó que el problema no responde solamente a episodios aislados de calor, sino a una tendencia de largo plazo que modifica las condiciones ambientales en las que sobreviven los glaciares.

 

El agujero de ozono y la exposición a los rayos ultravioletas

 

Durante la conversación con FM del Pueblo, Ponce también se refirió a la recuperación de la capa de ozono y explicó por qué es necesario mantener las precauciones durante la primavera.

El investigador aclaró que el llamado agujero de ozono no es un agujero literal, sino un debilitamiento de la concentración de ozono en la atmósfera que se produce estacionalmente sobre la región antártica.

Este fenómeno está relacionado con procesos naturales de circulación atmosférica y reacciones químicas que se desencadenan al finalizar el invierno, cuando la radiación solar vuelve a incidir sobre la Antártida.

Según explicó, el debilitamiento tiende a reducirse a medida que avanza la primavera. Además, destacó que la recuperación de la capa de ozono es una buena noticia y que el fenómeno se está volviendo menos intenso como resultado de las medidas internacionales destinadas a limitar las sustancias que la deterioran.

Sin embargo, advirtió que durante esta época del año es importante consultar el índice de radiación ultravioleta antes de realizar actividades al aire libre, ya que estos rayos pueden afectar a las personas y a otros seres vivos.

La recomendación cobra especial importancia en Tierra del Fuego, donde las condiciones atmosféricas regionales hacen necesario prestar atención a la evolución del debilitamiento estacional de la capa de ozono.

 

El cambio climático y la necesidad de reducir las emisiones

 

Al ser consultado sobre las causas del calentamiento global y las medidas necesarias para revertirlo, Ponce explicó que el incremento de los gases de efecto invernadero emitidos por las actividades humanas está provocando un aumento de la temperatura tanto en la atmósfera como en los océanos.

En ese contexto, señaló que los fenómenos de El Niño y La Niña se desarrollan a partir de la interacción entre el océano y la atmósfera, y que el calentamiento del sistema climático puede influir en la intensidad de estos eventos.

El investigador sostuvo que una de las principales herramientas para enfrentar el problema es el cumplimiento de los acuerdos internacionales destinados a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero.

También remarcó que las grandes potencias económicas, debido al volumen de su actividad industrial y de sus emisiones, tienen una responsabilidad central en la reducción de estos gases.

La situación de los glaciares fueguinos muestra cómo las consecuencias del calentamiento global se manifiestan en el territorio. La pérdida de nieve, el retroceso de los cuerpos de hielo y el aumento de las temperaturas representan señales de un proceso que puede transformar de manera irreversible parte del paisaje natural de Tierra del Fuego.

El diagnóstico planteado por Ponce deja una advertencia: los glaciares no solamente constituyen atractivos naturales y turísticos, sino también reservas de hielo cuya permanencia depende de las condiciones climáticas. Si el calentamiento continúa y la nieve deja de cumplir su función protectora y alimentadora, la pérdida de estos ecosistemas podría profundizarse durante las próximas décadas.