Hay personas que no habitan simplemente una ciudad: la abrazan, la traducen, la escriben y la resguardan en la memoria. Hace exactamente un año, el 21 de octubre de 2025, Río Grande despedía a Oscar Domingo “Mingo” Gutiérrez. A doce meses de su adiós, su ausencia duele en las redacciones, en el aire de la radio y en cada rincón fueguino, pero su legado late con la fuerza inquebrantable de los imprescindibles.
Nacido en Río Gallegos y adoptado por estas tierras desde su infancia, Mingo hizo de este confín del mundo el centro de su vida y de su compromiso cultural. Periodista, escritor, historiador y exconcejal, entendió como pocos que la verdadera historia de una comunidad no se edifica solo con grandes efemérides, sino con los hilos invisibles de lo cotidiano: las vivencias de los vecinos, los oficios, los barrios y las pequeñas grandes anécdotas que cruzan generaciones.
Durante 41 años, su voz emblemática en Radio Nacional LRA 24 fue la compañía entrañable de miles de hogares fueguinos. En la prensa gráfica, especialmente desde su querido espacio "Cordón Cuneta" en el diario El Sureño, transformó fotografías viejas y recuerdos borrosos en documentos sagrados de identidad. Como él mismo solía decir con esa humildad y humor que lo caracterizaban, sabiendo "un poco de todos y mucho de pocos", se acercaba a la gente con un respeto infinito y una curiosidad genuina.
Su pluma nos legó obras fundamentales para entender de dónde venimos—como "La Candelaria", "Los Selknam, ausencias y presencias" y "Hasta el próximo recuerdo..."—y su generosidad intelectual guio a muchos otros en el camino de la escritura. Hoy, su archivo personal de entrevistas y registros es un tesoro latente que espera ser abrazado y protegido por la comunidad que tanto amó, como el gran desafío pendiente para mantener viva su antorcha.
A un año de su partida física, Mingo sigue aquí. Está en las páginas que firmó, en las voces que rescató del olvido y en aquella entrañable escultura de la Panadería La Unión en Tolhuin, donde quedó inmortalizado tomando un café y conversando para siempre.
Su voz por radio se habrá callado, Mingo, pero las historias que nos regalaste siguen hablando por vos, recordándonos quiénes somos y de dónde venimos.