La economía argentina continúa mostrando señales de debilitamiento. El Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE), elaborado por el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC), registró en agosto una caída del 1,7% en comparación con el mismo mes de 2025, convirtiéndose en la mayor contracción interanual de lo que va del año.
El resultado refleja las dificultades para recuperar el ritmo de actividad después del fuerte retroceso registrado en julio. Según los datos oficiales, durante agosto la economía avanzó apenas un 0,1% en términos desestacionalizados, mientras que la serie tendencia-ciclo no presentó variaciones.
De esta manera, el leve movimiento mensual no alcanzó para revertir el escenario de debilidad que atraviesa buena parte de la economía, especialmente en las actividades vinculadas con el mercado interno, el consumo y la generación de empleo.
Uno de los datos más preocupantes del informe es que diez de los quince sectores que componen el EMAE registraron caídas interanuales durante agosto. Entre las actividades más afectadas se encuentran la industria manufacturera, el comercio, la construcción y el transporte, rubros que tienen una incidencia directa en la actividad económica cotidiana.
La industria manufacturera retrocedió un 3,2% interanual, mientras que el comercio mayorista, minorista y las reparaciones cayeron un 3,5%. Ambos sectores explicaron en conjunto una incidencia negativa de 0,9 puntos porcentuales sobre el resultado general de la actividad económica.
La construcción también volvió a mostrar números negativos, con una caída del 2,5%, mientras que el transporte y las comunicaciones retrocedieron un 2,9%. A su vez, la intermediación financiera registró una contracción del 3,8% y la pesca sufrió el descenso más pronunciado, con una baja del 15,7%.
El comportamiento de estos sectores evidencia las dificultades que enfrenta la producción nacional en un contexto de consumo debilitado. La persistencia de las caídas en la industria y el comercio, además, representa una señal de alerta por su impacto sobre las empresas, los puestos de trabajo y los ingresos de los hogares.
En contraste, la minería y la energía volvieron a ubicarse entre las actividades con mejor desempeño. La explotación de minas y canteras creció un 11,1% interanual, mientras que electricidad, gas y agua avanzó un 4,3%. Hoteles y restaurantes también mostraron una variación positiva del 3,1%.
Sin embargo, el crecimiento de estos sectores no fue suficiente para compensar el retroceso de la mayor parte de las actividades económicas. El resultado vuelve a exponer una economía con desempeños muy diferentes entre los rubros vinculados con los recursos naturales y aquellos que dependen en mayor medida del consumo interno y la producción industrial.
En los primeros ocho meses de 2026, el EMAE todavía acumula un crecimiento del 1,2% en comparación con el mismo período del año pasado. No obstante, ese indicador viene perdiendo impulso: en marzo, la variación acumulada había alcanzado el 2,4%, por lo que el avance se redujo prácticamente a la mitad.
La evolución de los próximos meses será determinante para establecer si la actividad consigue estabilizarse o si profundiza la tendencia negativa observada durante el invierno.
Las miradas están puestas ahora en el desempeño de septiembre, debido a que los resultados de julio y agosto complican las posibilidades de que el tercer trimestre cierre con crecimiento. Algunas estimaciones privadas señalaron que habría sido necesario un aumento mensual extraordinario, superior al 8%, para evitar una nueva contracción trimestral, una posibilidad considerada muy difícil en las actuales condiciones.
Si el tercer trimestre finalmente registrara una caída frente al anterior, la economía completaría dos trimestres consecutivos de contracción, una situación habitualmente asociada con la denominada recesión técnica. De todos modos, la confirmación dependerá de los datos correspondientes a septiembre y de las posteriores estimaciones oficiales del Producto Bruto Interno.
Más allá de esa definición técnica, el comportamiento de la industria, el comercio y la construcción constituye una de las señales más sensibles del informe. En julio, el comercio había caído un 5,1% y la industria manufacturera un 4,6%, por lo que las nuevas bajas de agosto muestran que la recuperación de estos sectores todavía no logra consolidarse.
El escenario plantea un interrogante sobre la capacidad de los sectores que actualmente crecen para impulsar al conjunto de la economía. Mientras la minería y la energía mantienen resultados positivos, las actividades que generan una parte importante del empleo urbano continúan atravesando dificultades.
El dato de agosto deja así una conclusión preocupante: después de la fuerte caída de julio, la economía argentina apenas logró avanzar en términos mensuales y volvió a retroceder frente al año anterior. La evolución de la producción, el comercio y el consumo será clave para determinar si el país consigue recuperar la actividad o ingresa en una nueva etapa de contracción económica.